domingo, 1 de mayo de 2016

El siglo de las nuevas tecnologías

-> ¿Cómo es ahora? ¿Cómo era antes?

Hoy recordábamos en una reunión familiar cómo era un encuentro hace 10 años y cómo lo es hoy. El plato del sábado o domingo a la noche continúa siendo el mimo: pizza, empanadas. La tecnología cambió. ¿En qué cambió?

Hace unos minutos dos parientes nos mostraron las fotos de su viaje por Estados Unidos. ¿Cómo lo hicieron? Conectando un pendrive a la notebook, y la notebook conectada por un cable VGA a la televisión. ¿Qué pensaría una persona en el año 2000 si le dijéramos qué es pendrive, qué es notebook, qué es un cable VGA? Por aquellos años nos hubiese sorprendido, pero en la actualidad son términos que usamos muy a menudo, al menos nosotros los jóvenes y aquellos más grandes que pudieron integrarse. ¿Cómo era? Traían las imágenes reveladas y, tal vez, pegadas en un álbum de fotos. Las podías apreciar haciendo contacto visual y de tacto. Hoy es sólo contacto visual. ¿Cómo es más lindo?

Las comunicaciones también cambiaron. Hoy en esta misma reunión estamos recibiendo mensajes de personas que no están participando en la reunión, personas que pueden vivir en tu barrio o a kilómetros de distancia, personas que se involucran en tu reunión y provocan que vos pierdas el vínculo cara a cara y no exprimas al máximo la conversación personalista, con tu familia o tus amigos. Estamos, pero a la vez no estamos. ¿Cómo era? Se exprimía al máximo una conversación, se vivía y disfrutaba del contacto cara a cara. Si alguien quería involucrarse en tu reunión, debía venir a tocarte el timbre o llamarte por teléfono. ¿Cómo es más lindo?

Pendrive, notebook, VGA, Whatsapp, última conexión. Estamos perdiéndonos de disfrutar al otro, de escuchar y aprender del otro, de hacer sentir al otro escuchado, querido y respetado. Nos sobrepasó la tecnología. Tenemos que tener el último celular. Tenemos que descargarnos y usar todas las aplicaciones. Tenemos que estar pendientes de que no nos estén hablando por ese mundo no personalista y se nos ofendan por ver esa última conexión después del horario que ellos mandaron su mensaje.


Es necesaria, nos abre muchas puertas, nos facilita muchas tareas, pero aprendamos a controlarla. Sepamos usarla sólo cuando nos hace falta. Sepamos no abusar de ella. Sepamos no reclamar si al otro no le interesa estar presente en ese mundo virtual. Sepamos vivir. Aprendamos a vivir. Aprendamos a ser felices.