Hace algunas cuantas semanas,
previas a que comencemos el proceso que en notas anteriores le comenté que vulgarmente
es llamado cuarentena, fui al teatro con otros tres amigos. A principios de
este año nos involucramos en una aventura increíble que fue comenzar a tomar clases
de teatro y mostrarnos en escena como nunca antes… y nos dieron la oportunidad
de ir a ver una obra de teatro que el equipo que coordina la escuela de teatro
producía.
En esta obra de teatro, llamó
poderosamente la atención una conversación que tenían dos personajes de la obra
“La lechuga”-Julieta Granja y Nicolás Maiques, en la que discutían con qué
porcentaje de normalidad definían a la situación en la que se encontraban. Allí
Dorita (Julieta Granja) le preguntana a Nico (no recuerdo su nombre en la obra)
si la situación en la que estaban involucrados era un 23% normal, 37% normal,
75% normal o 100% normal (no es joda). Se lo preguntó muchas veces. Nico
finalmente le respondió que la normalidad no se define a través de porcentajes
de normalidad, sino que la más adecuada definición de normalidad (y que depende
de cada persona) es aquella que responde a la afirmación “la normalidad es
aquello que naturalizaste como normal”.
La pregunta es: ¿está bien
naturalizar las situaciones que te gustan? Claro que sí. ¿Está bien naturalizar
las situaciones que no te gustan? Mi respuesta es un rotundo no. Lamento si Ustedes
no piensan del mismo modo.
Como Uds saben, durante la
cuarentena, están suspendidas todas las actividades artísticas, incluidas el teatro.
Por suerte y gracias a las tecnologías digitales que tenemos a nuestra
disposición, a través del sitio web de Paseo la plaza, cada uno de Uds podrá
encontrar todos los sábados a la noche la publicación de una obra que podrán
visualizar sólo por 24 hrs, término luego del cual la obra se elimina.
Hoy tuve la oportunidad de ver
“Todas las canciones de amor”, un monólogo que protagoniza Marilú Marini, de 74
años en la actualidad. A Algunos de Uds que no sepan disfrutar de todos los
rangos etarios en su totalidad, les puede parecer una obra “de gente mayor”,
pero tiene una historia muy sentida que si se concentran y siguen durante los
85 minutos que dura la obra, podrán llegar al mensaje que buscar transmitir.
Claro está que les estoy
contando esto porque hoy tuve un “dejá vu” (no sé si se escribe así). Fíjense que
en una parte de la obra, sucede un monólogo, que se asemeja a la conversación
que tuvieron Julieta y Nico en “La lechuga”. Se los transcribí a continuación.
Léanlo. Y pregúntense nuevamente si está
bien naturalizar situaciones que no son muy agradables (por lo menos para
mí). En el caso de “La lechuga”, la discusión era cuán normal era juntarse
todos los años a cenar y a conversar sobre quién se hacía cargo de los gastos y
el cuidado del padre de tres hermanos en estado vegetativo. Fíjense de qué se trata
el monólogo que hace Marilú Marini sobre su esposo Claudio. ¡Hasta la próxima!
Por
eso prefiero que no me pregunte nada, y escucharlo suspirar, y seguir con los
masajes en los pies como cada día desde hace años… Desde que se le hizo la costumbre vespertina. Me resulta natural… una sigue lo que resulta natural. Nadie hace
preguntas sobre la naturaleza: nadie cuestiona el olor de los jazmines por
poner sólo un ejemplo… Algunas cosas son simplemente sin ponerlas en
duda. Están, existen y punto. Bueno… supongo, no estoy muy segura.
¿Qué
sentido tendría cuestionar lo que resulta natural?
Es
natural que un hombre como Claudio llegue y quiera encontrar en su casa la
tranquilidad que no tiene afuera.
Es
natural que se desacomode la ropa sea afloje y se rasque todas las partes que
no pudo rascarse durante el día.
Es
natural que un hombre puertas adentro pierda la compostura.
Entonces
una tiene que ser flexible y aceptar si el hombre sin ir más lejos por ejemplo
eructa o se rasca porque le pica o lo que sea que haga en ese regreso. Porque
ahí el hombre está en su estado natural, no domesticado. Es como un volcán que
después de tener tanto tiene algunas emanaciones involuntarias.