Dice
una frase en la pared de un lugar donde uno se acerca a conocerse más a uno
mismo… y también a preguntarse: ¿qué estoy haciendo acá? Pero debo decir que es
una de las frases que más acertadas están.
Soy
un convencido de que desde el momento en que terminás tu formación en la escuela
secundaria, empezás a hacer una de las cosas más poderosas que existen en la
vida de una persona: hacé lo que quieras hacer. ¿De vuelta? Empezás a tomar
decisiones. Avanzás. Te caés. Te levantás. Aprendés. Avanzás de vuelta. Las
decisiones que comenzás a tomar en esta nueva vida son, de vuelta, una
herramienta muy poderosa. Y siempre deben estar muy bien justificadas, ¿no?
¿Por qué? ¿Cómo? ¿Dónde? ¿Para qué? ¿Cuándo? ¿Qué pasa después?
Estoy
acercándome nuevamente a este mundo literario, que comencé hace muchos años
allá por 2014, si mal no recuerdo. Y que luego abandoné… como tantas otras
cosas. ¡Qué poderosas son las decisiones! Pero uno siempre tiene que tener la
expectativa de hacer lo que uno quiere (una vez más). Así que aquí estoy… nuevamente
en un espacio de reflexión y catarsis que estuvieron en mi creatividad de aquel
momento, y que siempre hay lugar para que esté de vuelta.
Desde
el 20 de marzo pasado, en Argentina estamos viviendo un proceso particular que
se llama “aislamiento preventivo, social y obligatorio”, más conocido como “cuarentena
obligatoria” (y ya le queda “chico” cuarentena). Este proceso es consecuencia
de un virus, del que no se tiene precedente, que lo llaman COVID-19 y surgió en
China luego de que un grupo de personas tomaran sopa de murciélagos. Suena
loco, ¿no? Es como decir… no sé, que vamos a comer una tortilla de loro. Los
chinos en lo que respecta a alimentación y cuidado de animales, parecería dejan
mucho que desear.
Como
mencioné en el párrafo anterior, estamos en cuarentena. ¿Y qué implica la
cuarentena? Que sólo podés salir al espacio público para realizar compras de primera
necesidad: aquí se encuentran alimentos y medicación. Un virus chino del que no
tiene precedente y del que no hay vacuna para mitigarlo y hacerlo desaparecer. “Estamos
en guerra con un enemigo invisible”-decía Alberto, intentando generar empatía
con los televidentes que lo escuchábamos aquella noche en la que extendía por
primera vez la cuarentena.
Hoy
es el día 40 clavadísimo de la cuarentena y por mi cabeza, y seguro por la de
muchos de Uds también, surgen muchas preguntas, con muy pocas posibilidades de
responder. ¿hasta cuándo? ¿Se puede tanto tiempo? ¿Cuándo voy a poder salir a
correr o esparcirme? ¿cuándo voy a poder hacer vida normal? ¿cuándo voy a poder
hacer lo que quiero hacer?
Parece
encubierto, pero te están impidiendo hacer lo que querés hacer. Y vos, ¿cómo lo
impedís? A veces pensar en estos obstáculos e impedimentos me ponen un poco
triste, debo admitir. ¿Realmente estamos haciendo una obra de bien? ¿Por qué
llegar al nivel máximo de prohibición: no podés salir? ¿No podemos actuar
responsablemente? Si no lo sabemos aún, ¡qué oportunidad excepcional de
aprendizaje! ¿Qué te parece?
Hoy
son más de 3.000.000 los contagiados por COVID-19. Wuhan, el lugar chino donde
todo comenzó, estuvo más de 50 días en cuarentena, pero volvieron a la
normalidad. Y volvieron a la normalidad porque son una sociedad que actúa
responsablemente y tiene incorporado que lo más importante es actuar responsablemente,
para no generar daños al otro que tenés al lado. Nadie quiere buscar ventajas
sobre el otro. Todos quieren cuidar al otro. ¿Qué te parece asemejarnos un poco
más a ellos? ¡Así salimos de vuelta a la calle! Qué ganas de vivir de vuelta en
esos tiempos en los que vos decís: ¡puedo hacer lo que tengo ganas de hacer!
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