viernes, 17 de julio de 2015

La naturalización: los pasos hacia nuestro destino.

->Acabo de terminar de leer hace algunos minutos el texto ‘’Sin Destino’’ de Imre Kertesz, galardonado con el Premio Nobel de Literatura en el año 2002. Comenzaré con una síntesis, luego una reflexión y finalizaré con diapositivas que contienen las frases más llamativas, creo yo, encontradas a lo largo y ancho de este relato.

Los judíos por órdenes oficiales durante la Segunda Guerra Mundial debían utilizar para movilizarse por las calles una estrella amarilla que los identificaba de esa raza. Recordemos que el partido alemán nazi tenía como ideología de gobierno autoritario la creación de una raza nueva raza pura, cuyos rasgos principales eran seres rubios de ojos celestes. Cualquiera de Uds podrá googlear raza pura del nazismo y encontrará imágenes de la raza ‘’perfecta’’, según este movimiento político y social. Asimismo, a los judíos se los discriminaba mucho en toda Europa otorgándoles una ración menor de alimento, por mencionar un ejemplo. Todos estos hechos y modos de vida, los judíos justificaban que eran impuestos por los pecados que habían cometido en tiempos pasados. Recordemos nuevamente que durante la Segunda Guerra Mundial, los judíos habían sido asignados a trabajos obligatorios en Alemania, cualquiera sea su país de residencia. Pocos sabían qué era lo que les esperaba al llegar. Sencillamente lo interpretaban como su destino.

El autor de esta historia y protagonista principal, luego de que su padre partiera hacia estos trabajos obligatorios, fue asignado por órdenes oficiales a trabajar en una fábrica de refinería de petróleo. La familia lo alentaba diciéndole que su comportamiento en esta actividad debía ser intachable, puesto que representaba a toda la comunidad judía. Un día sucedió algo inesperado cuando él y sus compañeros laborales viajaban hacia la fábrica en un autobús, y un oficial los hizo descender porque debía revisar la documentación de cada uno de ellos. Allí comenzaría el calvario. Después nosotros diríamos que fue un calvario, pero los judíos no sabían a qué se enfrentaban. No tenían la más mínima idea.

Al principio los hicieron trabajar en una fábrica de ladrillos durante cinco días, luego los enviarían con trenes a Auschwitz. Se pedía a todos ellos que no llevaran consigo objetos de valor (dinero, reloj, navajas, todo), más adelante les serían confiscados y aplicadas penas graves. El viaje en tren claramente fue en condiciones insalubres: todos parados durante otros cinco días, sin nada para beber, con una incomodidad evidente. Es extraño destacar que en una de las frases que verán más adelante leerán: ‘’estaba contento, por supuesto que sí’’. Los habían llevado a Auschwitz diciéndoles que allí iban a trabajar. Nunca les mencionaron las condiciones. Quién hubiese ido.

Auschwitz era un campo de exterminio. ¿Qué es exterminio? Muerte. En Auschwitz se seleccionaba a quienes estuvieran aptos o no para trabajar mediante una revisación médica. Quienes eran demasiado pequeños, recién nacidos, mujeres, eran enviados a cámaras de gas. El verdadero destino del autor y algunos de sus compañeros, sería Buchenwald. Éste sí un campo de trabajo. Sorprendentemente después del apto para trabajar, los hicieron cortar todo vello de sus cuerpos, bañarse y luego, los vistieron como presos. Los judíos estaban sumamente extrañados de sus condiciones. Era algo que no podían discernir.

Los judíos empezaban a sufrir el hambre y juntos, hablaban del pasado, del futuro, y sobre todo de la libertad. Algunos también pronunciaban chistes acerca de ella. Los soldados alemanes eran muy puntuales, muy estrictos, muy exigentes y muy crueles. Por ello, las estrategias eran cuánto escaparse, cuándo robar unos minutos de descanso, cómo cargar menos la pala, la laya y la horca. Se evidenciaban cansancio, hambre, falta de movilidad, envejecimiento, desgano. Sólo quedaba la esperanza.

¿Cuál sería la respuesta segura de todos los factores que mencioné en el párrafo anterior? Enfermedad, epidemias, muerte. Y eso fue lo que le ocurrió a nuestro autor. Y aún peor: comenzó a no sentir, a llevarse a la boca todo lo que fuera comestible, a delirar dirían algunos. Por eso, y gracias que sus compañeros lo obligaron, fue a un hospital del campo. Los padecimientos seguían siendo semejantes: hambre, sed, dolor. Sólo había una única ventaja: ‘’esa dulce y placentera sensación de no tener que ocuparme de nada’’. Y miren lo que dice el autor: ‘’hacía mucho tiempo no me sentía tan liviano, tan en paz, como en un sueño, sí, tan agradablemente bien’’. Sorprende, ¿no? Porque lo pensamos en un contexto de calvario, de sufrimiento, de horror.

Al llegar a Buchenwald, fue destinado a un campo de trabajo provinciano llamado Zeitz. Luego sería trasladado por su herida a Gleina y volvería a Buchenwald. Durante sus momentos de internación, comprendió qué importante eran los idiomas extranjeros en particular. Porque ellos permitían comunicarse en momentos de ‘’crisis’’, por darle un tinte económico. Anotemos esto: estudiemos idiomas.  Nuestro autor comenzó a ser tratado tan bien que sospechó estar en uno de esos lugares de Auschwitz, donde les sacaban las tripas a cachitos a los enfermos para investigar en beneficio de la ciencia. ¿Terminaría algún día todo esto que estábamos viviendo?- se preguntaban los judíos. La respuesta era sí. De un día a otro comenzaron a evidenciarse ‘’noticias confusas e inquietantes y a percibir cambios inminentes’’. Los soldados fueron llamados a retirarse del campo, los soldados de Estados Unidos estaban cerca. ‘’Al fin yo pude pensar –por primera vez- en la libertad’’.


Ahora bien, veamos algunas cosas.

La naturalización: los judíos vivieron todos estos momentos de manera muy ‘’natural’’. Sabían que tenían que realizar trabajos obligatorios, y no sabían en qué condiciones. Qué judío hubiera acudido a ese llamado, sabiendo que los iban a matar de hambre, a vestir inadecuadamente y a obligar a trabajos realmente forzosos e inhumanos.

Los soldados alemanes: a pesar de su política de matar e incinerar a aquellos no aptos para trabajar, debemos admitir que disponían de lugares de atención para aquellos aptos que se enfermaban. Aquellos centros estaban a cargo de presos, que tenían conocimientos de medicina. Nuevamente, en condiciones inhumanas e inaceptables. Pero muchos sobrevivieron. ¿Por qué no se pergeñaron con todos?

Los soldados estadounidenses: fueron quienes obtuvieron la victoria en la Segunda Guerra Mundial y debemos rescatar su buena actitud de trasladar a todos los presos de campos de concentración hacia el este. Un gesto muy valeroso. Los alemanes fueron obligados a escapar, alguien tenía que hacerse responsable. Antes de partir, fueron bendecidos con abundantes platos de comida. Esto fue muy agradecido por los judíos.

La raza impura en Argentina: en Alemania, los judíos eran vistos como raza impura. En Argentina, los ‘’negros’’ son vistos como raza impura. Nunca me voy a olvidar del día en el que una persona acercó sus palabras a mí y me hizo saber que no disentía demasiado en lo que habían hecho los soldados alemanes, y que debiera aplicarse lo mismo en Argentina con aquellas personas que roban, matan, violan y sin embargo, cobran planes sociales. Un argumento que se presta al debate. Pensemos que el peronismo en Argentina fue el movimiento político que permitió mantener cautivos en nuestro territorio a soldados alemanes que se fugaron con estas amenazas de Estados Unidos. Por eso aquí, según el punto de vista de algunos, es tan desatendido el Partido Justicialista (fundado por Perón). Aunque sigan obteniendo la victoria.


Libertad vs destino: ‘’Si existe la libertad entonces no puede existir el destino, por lo tanto, nosotros mismos somos nuestro propio destino’’.  Si creemos en el destino, ¿por qué decimos que somos libres? Si nos encaminamos hacia él, no actuamos por nuestros propios instintos, en nuestro carácter de personas libres. ‘’Yo había vivido un destino determinado; no era ése mi destino pero lo había vivido’’.  Lo que quiero destacar con esta idea, que espero pueda entenderse, es que estos dos conceptos no van de la mano: podemos vivir un destino, sin ser libres; y podemos ser libres, sin esforzarnos por nuestro destino.









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