->
¿Nos mostramos frontales cuando decidimos y afectamos la moral de otros? ¿Nos
ponemos en el lugar del otro?
Tengo
19 años. Y recuerdo que durante mi primaria, al ser chicos y tener pocas
salidas, el encuentro con los compañeritos del colegio era participando de lo
que se llamaba infancia misionera. Ibas el sábado a las 16H a jugar un rato al
fútbol, luego reflexionabas acerca de la lectura que hacía el sacerdote y
finalmente, participabas de la misa. Estoy seguro que la mayoría de Uds habrá
actuado así a los 6, 7, 8, 9 y 10 años. Después por distintas circunstancias de
la vida, la mayoría, y me incluyo, nos alejamos de estas actividades porque
comenzamos a experimentar ‘’la calle’’ y otro tipo de salidas.
Recuerdo
también, al asistir a un colegio católico, que te incentivan a prepararte para
ciertos sacramentos: la confesión, la comunión, la confirmación. Voy a
detenerme en la confesión. Y esto también es una actividad, que en la
actualidad, hacemos con amigos. ¿Qué le decíamos al sacerdote, de qué nos confesábamos?
Me llevo mal con mis hermanos, les digo malas palabras a mis papás, no les hago
caso en lo que proponen, no me entienden, mis amigos se alejan. ¿Qué más
podíamos decir? Eso. Y eso derivaba de un previo ‘’examen de conciencia’’, en
el que examinábamos qué es en lo que habíamos fallado, lo confesábamos y luego,
nos aconsejaban cómo podías cambiar para ser mejores personas. En la
actualidad, cada uno decide el camino que quiere pero probablemente muchos, y
me incluyo, no se confiesen hace bastante. Esto es porque ya no surgen los
mismos problemas que durante esos años, porque ya sabemos cómo ser buenas
personas; y si nos surgen, los contamos y recibimos consejos de nuestro grupo
de amigos.
Ahora
bien: si estos valores no los aprendimos asistiendo a infancia misionera,
seguramente nos los inculcaron nuestros papás, con mucha dificultad porque
solíamos ponernos resistentes. Y esto es normal, no nos gusta cambiar. Pero
bueno, siempre ante problemas a los que no encontramos respuesta nos
preguntamos qué fue lo sucedió para que esa persona reaccione de la manera que
lo hace, en qué fallamos, en qué deberíamos cambiar. Pero ya estamos grandes. Y
la respuesta correcta es pensar que no nos estamos equivocando, no sin antes
consultarlo con un amigo, o por qué no con un sacerdote. Subestimamos mucho a
esta edad a los sacerdotes, pero algunos son muy dinámicos, muy sociales, y te
entienden mucho. Tienen formación para dialogar con jóvenes. Y los que creemos
que con los amigos no podemos contarles porque después, éstos les cuentan a
otros, no es una mala opción un sacerdote. El psicólogo te cobra. El sacerdote
no. Y ojo: no siempre las respuestas del sacerdote van a incluir la palabra
Dios. A quienes lo necesiten, tengo sacerdotes para recomendar.
Entonces,
¿por qué no somos buenas personas? Yo creo que la respuesta está en lo que
sociológicamente (¡cómo odié esa materia!) Durkheim denominaba corriente
social. ¿Qué es la corriente social? Dejarnos influenciar por el poder que
tiene un grupo, actuar en grupo y hacer cosas en el grupo que solos no
haríamos. ¿Y por qué hacemos esto? Porque en ese grupo nos dan aprobación. Pero
si lo pensamos mejor, estén seguros de que ese grupo no va a tener éxito, no va
a llegar a buen puerto, y le va a ir muy mal en la vida. Juntos, tendríamos que
desalentar a estos grupos, no fomentarlos. Actuaríamos como muy buenas
personas. Hoy por hoy, muchos afirmarían que esos grupos son los que tienen más
amigos y son más aprobados. No duden en que, tarde o temprano, no van a tener
un final feliz y van a desintegrarse. CREAN, para después ver.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario