¿Te acordás de cuando sos
pequeño y te preguntan constantemente qué querés ser cuando seas grande? Los
chicos suelen responder esas profesiones que ven con mucho entusiasmo en la
calle: policía, bombero, médico. En mi caso, yo la tenía muy claro: quería ser
actriz. Quería ser la protagonista de las novelas para pre-adolescentes que
miraba por televisión. Quería ser Mariana Espósito. Quería ser Candela Vetrano.
Quería ser Emilia Attias. Quería ser Florencia Bertotti. No todo es color de
rosas… esos grandes sueños que tenés e imaginás cuando sos pequeño y estás en la
bella etapa de experimentación, en muchos casos se esfuman con un comentario
negativo de otra persona. En mi casa me decían: sos muy alta, no servís para actuar.
A veces esos comentarios reiterativos resultan ser determinantes y dejás ese
gran sueño de cuando eras pequeño postergado. La vida me llevó a estudiar marketing,
pero lo mejor de ese gran sueño estaba por comenzar a fines de marzo 2019.
A fines de marzo 2019 durante
esos vagajes mentales tomé la definición de volver a estudiar inglés. En un
primer momento, no definía demasiado dónde estudiar, pero decidí hacerlo cerca
de casa. ¿Qué mejor que levantarse tempranito un sábado, hervir el agua,
ponerla en el termo y caminar unas pocas cuadras hasta Agronomía para arrancar
el día bien arriba aprendiendo un idioma que hoy (literalmente) me di cuenta
que me sirve de tanto. Y empecé… leí a qué aula había que entrar, hice un paneo
previo muy rápido de quiénes estaban y me senté al lado de una chica que tenía
termo en mano (el primer día estuve floja y no lo llevé conmigo). Aunque meses
después le iba a tener un poco de pánico a algunos de esa cursada (D), me motivaba
que se pudiera conversar tanto como nunca antes había podido experimentar en
una clase de ese idioma. Era algo así como estar en Inglaterra, pero en Agronomía.
La sensación es totalmente distinta, pero por lo menos Agronomía tiene parque y
se disfruta del sol.
Meses después y hacia la
segunda parte de la cursada, descubrí junto a mis compañeros de cursada que D
era actor. Con mucho entusiasmo nos lo contó e invitó a que fuéramos a ver su
obra. Esa noche en un pequeño teatro de barrio estábamos un montón de quienes
fuimos invitados. Después tocó volver a los sábados… y ese gran sueño que en
algún momento de mi época adolescente supo estar, comenzaba a tomar forma. A mi
lado se sentaba un chico un poco raro, pero que parecía simpático (me
contagiaban sus carcajadas). Me empezó a preguntar cuándo empezábamos teatro y
que quería que su proyecto del año que viene fuera artístico. ¿Qué le pasaba,
no? Si apenas me conocía. ¿Cómo sabía que mi gran sueño era actuar? Imagino que,
motivada en que ese sueño algún día iba a suceder, dejé que me hable más y
acepté salidas con mis compañeros de Inglés, en las que él también estaba. Una
noche en un after, entramos a Mercado Pago y realizamos la reserva de vacante
en un lugar que encontramos por Instagram: “teatro creativo”.
Cuando era chiquita tenía muchas
ganas, pero… ¿qué tan divertido iba a resultar ahora? Me anoté en un curso
intensivo para hacerla “corta”. Si no me convence, lo dejo. Estaba convencida
que sólo lo hacía para conocer gente nueva. ¿Quién te dice que alguien no puede
encontrar el amor en teatro? Mírenla a Celeste. Llegué aquel primer martes,
después de bajarme del 105 y caminar algunas cuadras hasta Callao y Corrientes.
Me hicieron participar de un mate creativo. Para conocernos. Fui una de las
primeras en llegar. Con el pasar de los minutos iba sonando el timbre e iba
entrando más y más gente. Por suerte éramos muchos. Muchos con los que poder
hacer amigos nuevos, pero ninguno que me fuera a parecer “el amor para mí”.
Nada estaba perdido… sobre el final del mate creativo sonó el timbre una vez
más. Última oportunidad. Entró una chica con rulos. Miré hacia otro lado, desesperanzada,
pero atrás estaba él: alto, remera blanca, de buen comer, con barbita,
carilindo. Todo lo que yo quería para mí. Me generaba muchas revoluciones. Pero…
¿cómo iba a hacer para decirle? Primero se los conté a las dos personas que
decidieron acompañarme en esta nueva actividad. Me tildaron de loca. Te gusta
el gordito.
Las últimas dos clases hicimos
after-drama classes. Y tenía que mostrarle interés. Así que me senté al lado de
él, siempre. La última vez me sentí triste porque veía que me miraba, pero que
no le pasaba lo mismo conmigo. ¿Me habían pasado tantas cosas, en tan poco
tiempo, y ya me estaba lastimando? Tal vez era momento de pensar en otro chico
y seguir adelante. Aunque eso no me iba a durar mucho tiempo. No puedo soltar
tan rápido a las personas que me gustan.
A fines de marzo, mi amiguito
de teatro me invitó a un bar hopping furioso de un amigo suyo. ¿Desde cuándo me
estaba sumando a estos momentos con gente que no conocía? Por suerte estaba J,
que sabía de mi historia con el chico de teatro. Me dio un amuleto de la buena
suerte. Dijo que ella lo usó en muchas de sus salidas y que tuvo éxito. No
estaba muy segura de que fuera a funcionar, pero decidí confiar en ella. Creo
que la confianza de esa noche me motivó a considerarla mi amiga. Los bar
hopping, como todos Uds saben, terminan en un boliche. Creo que mi amigo de teatro
estaba un poco en pedo. Le gusta un poco la fiesta. Cuando agarra su teléfono
en pedo puede hacer estragos, pero yo sé que lo hace feliz. ¿Adivinen lo que hizo?
Le mandó ubicación al que me gustaba. ¿y saben qué hizo el que me gustaba?
Vino. A fin de cuentas, tal vez también le gustaba un poco, aunque yo no lo
pensaba.
Esa noche tenía que ser LA
noche. Tenía que decirle lo que me pasaba y no tenía que importarme si él se
daba media vuelta y se iba. Se lo dije. Me respondió que él también. Se acercó.
Me agarró de la cintura. Y me besó intensamente. ¿Estaría en un sueño? ¿Empezar
teatro y encontrar a un potencial novio? Ya era mucho.
Después del boliche, nos
seguimos hablando y me propuso vernos. Fue en Antares Devoto. Los bares son espacios
tan lindos que, cuando se hace la hora del boliche, quieren cerrar. Así que tuvimos
que salir y me acompañó a casa. No esperaba menos a esas horas de la noche.
Cuando llegamos a la puerta de mi departamento, se acercó, me sonrió, dijo que
estaba muy linda y comenzó a besar. Sus besos eran tan intensos que provocaban
un lento caminar hacia atrás. Hasta que llegamos a una pared, que estaba junto
a la puerta del departamento. Creo que ya lo conocía lo suficiente como para
invitarlo a subir y que conozca mi depi.
Me había mudado hace poco, así
que no había vecinos en el edificio aún. Los besos con él seguían extendiéndose
hasta llegar al depi. En el pallier, en el ascensor y hasta entre dos columnas.
Me divertía y gustaba que tuviera tanta intensidad. Me asustaba un poco lo que
podía llegar a pasar, pero ya le había abierto las puertas. Estaba en mi depi.
Caminamos hacia la mitad del ambiente. Me puso de vuelta contra la pared. Me
siguió besando. Colocó sus manos en mi cintura. Sentí que mi remera comenzaba a
subir. Todo estaba por suceder…
Continuará…
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