sábado, 25 de julio de 2020

POR QUÉ SOY UN FRACASADO EN EL AMOR


Domingo. 2:13 A.M. Estoy escribiendo estas líneas bien entrada la madrugada. No me puedo dormir… Escuché de mucha gente que ante el insomnio o para reducir la ansiedad se levantaba de la cama y ponía a hacer cosas. Nunca había puesto en práctica. Debo decir que es una sensación muy placentera. A esta hora de la madrugada sólo puedo escuchar la llama de la estufa encendida (para escribir hay que generar un espacio de creatividad agradable) y el ruido del teclado de la notebook mientras escribo estas líneas. A diferencia del celular, este ruido de teclado no se puede silenciar.


La semana pasada me visitaban dos amigos de la secundaria en casa. Amigo y amiga. Otros dirían amigues en lenguaje inclusivo. El día estaba muy agradable y decidimos ir a tomar sol en la terraza más alta que tiene mi casa. Aprovechábamos para ver qué tan bien estaba la terraza ubicada en lo más alto. Mi casa tiene tres terrazas. Sólo una de ellas comenzó a ser la más visitada durante esta cuarentena. Las otras dos que están a mayor altura, siguen postergadas. No faltó oportunidad para visitarlas hace algunos pocos días. Ya habíamos almorzado, por lo que definimos pedir el postre. Tenía que ser helado. Tal vez hace algunos cuantos años, el helado era un postre típico de una noche de verano cálida con una temperatura mayor a 30 grados. Actualmente, el helado se convirtió en un postre que es válido en cualquier momento del año, incluso en invierno. Los gustos fueron Nutella, chocolate shot, limón y mousse de maracuyá. Se pidió un kilogramo (no quiero utilizar su abreviatura kilo) y fue un éxito rotundo. Entre los tres nos lo “bajamos”.


Minutos después surgía como tema una conversación relacionada con los sentimientos y “trayectoria” en el amor nuestra. Mi amiga afirmaba, con un real sentimiento interno de frustración: “Tengo mucha mala suerte en el amor, aún cuando considero que estoy muy bien. ¿Ustedes cómo me ven?”. Luego de esta afirmación, la miramos y reflexionamos. Mi amiga es madre soltera. Tuvo a su primera hija a los 19 años y a su segunda hija a los 23 años. El padre de la primera nunca asumió su rol. El padre de la segunda, sí, pero perdió vínculo sentimental con mi amiga, con lo cual está bien definida su situación actual como madre soltera. Al momento de entablar una conversación de cero con un chico que no conocía de antes, piensa detenidamente cuándo es el momento “ideal” para comentar que es madre soltera y tiene dos hijas. La peor parte de esta historia ocurre cuando este chico nuevo está tremendo y cuando le contás el detalle particular de tu historia personal, huye despavorido. ¿Vos qué harías, lector? ¿Estarías dispuesto a involucrar sentimientos con una persona que tiene una familia formada? Haciendo un poco de catarsis sobre esta situación, pienso (y no está bien) que muchas veces (y por qué) las personas nos dejamos influenciar bastante por el qué dirán de los demás. Entonces… en respuesta a la pregunta sobre si estarías dispuesto, puede que la respuesta por parte de esa persona sea que tiene miedo de qué van a decir al respecto sus amigos o su familia, por lo que prefiere evitar una relación en esas condiciones. ¿por qué dije unas líneas antes que considero no está bien? Lastimaste a la persona que en algún momento decidió confiar en vos y contarte la verdad de tu situación. Te perdiste la oportunidad de darle espacio y compartir tu tiempo con una persona que no conocías. Imaginate si esa persona que no conocías se convertía en el amor de tu vida. Cómo la dejaste pasar. Te dejaste influenciar por el modo de pensar de otras personas. Es importante, en muchos casos, no perder la oportunidad de escuchar el feedback que tienen las personas cercanas en cuestiones que consideramos relevantes. Sin embargo, la definición final tiene que estar en nuestras manos. ¿Por qué no saldrías con una persona del perfil y con la historia de mi amiga? Después de dos partos, mirala y sigue estando para un diez. Tiene instinto y experiencia como madre. ¿nunca imaginaste ser padre? Si la conocés y después de mucho tiempo (literal), tenés ganas de agrandar la familia, ¿qué mejor que tomar esa decisión junto a una persona que ya fue madre? Si no imaginaste ser padre (hay gente que piensa así), no pueden no gustarte los niños. ¿Qué mejor idea que compartir tu tiempo con una persona que te brinda la oportunidad de poder admirar el crecimiento de un pequeño? Lo más importante de todo… es buena persona (y a esta definición no hay con qué darle). No deberías perderte la oportunidad de conocerla. Y no seas boludo, andá siempre con la verdad. Es feo generar falsas expectativas. Acordate que es madre soltera. Seguro tiene una vida mucho más sacrificada que la tuya.


Después de estos minutos de conversación, hubo retruco. “Vos también tenés mucha facha, pero sos como yo… te va para la mierda en el amor”- me dice. Y tiene razón-pienso. Para los que no me conocen, afortunadamente decidí finalizar mi vínculo sentimental con mi ex novia días antes del comienzo del ASPO (descubran qué significa). No faltó oportunidad para que pocas semanas después, volviera a mi órbita una persona que me volaba la cabeza hace algunos años y, entre nosotros, me la sigue volando hasta ahora también. Aunque no tiene mucho sentido decir entre nosotros, dado que… le escribí una nota y la publiqué en este blog. Fue algo así como “nuestra historia”. Tres mil palabras escribí. La nota más extensa de este blog que algún día tuvo que resurgir. Me la agradeció, pero con un comentario que no fue demasiado efusivo. El lunes pasado, 20 de julio, se conmemoró en Argentina el día del amigo. No digo celebró porque una celebración no puede tener lugar en el estado en el que estamos. Este día del amigo no contó. Se posterga hasta que se termine la cuarentena. Imagínense lo que sucedió. Me saludó, claro. Pero como el día del amigo se postergó, me deja más tranquilo. Creo que todavía tengo muchas oportunidades. Porque cuando realmente sentís aprecio por otra persona, no debería nada ni nadie colocarte obstáculos, ¿no?


Después de leer esta nota (¿me extrañaban?), quiero que te quedes con:


-Mi amiga está bárbara y no podés ser tan gil de no salir con ella.

-P: yo sé que algún día vamos a estar juntos.


2:57 AM.



jueves, 9 de julio de 2020

QUIERO CONTARTE SOBRE ELLA


Mis notas siempre comienzan con “hace varios años…”. Lo interesante de esta historia es que continúa en la actualidad. Esta nota tendrá gran extensión. Si no tenés tiempo, dejalo para después. Mejor avisarte que dejarte cansado.


Hace varios años, trabajaba en atención al público en un banco (esto ya lo conté en otras notas). Los que me conocen saben que no sólo me gusta aprender todo el tiempo cosas nuevas, sino que también quiero transmitir conocimiento. El compartir conocimiento genera nuevas oportunidades para vos y para otras personas. En esos meses de atención al público en un banco, habiendo transcurrido el tiempo suficiente de conocimiento acerca del puesto de trabajo, me elegían para capacitar a los nuevos ingresos. También les conté que tuve la dicha de rotar por muchas sucursales. En ese momento me encontraba en el barrio de Belgrano, Avenida Cabildo y Juramento. Eran momentos de muchos nuevos ingresos y, en consecuencia, intensas capacitaciones. Tres días de mi semana los iba a ocupar con atención al público, mientras ocurrían las capacitaciones. Ya había avisado a mis compañeros de sucursal y al gerente de esta situación. Tal vez iba a necesitar de su ayuda en la atención a los clientes. No les gustaba demasiado la idea, pero a mí me seguía gustando capacitar. Sucedió igual.


Recuerdo casi todos los nombres de quienes vinieron a capacitarse. Recuerdo también a qué hora fueron citados en la sucursal (todos a la misma hora) y a qué hora fueron llegando a la sucursal. Esto que les cuento no tiene ningún sentido. Sólo soy un poco detallista. Cuando recibí el correo con las personas que iban a venir a la capacitación, leí sus nombres. Había un nombre, el de P, que captó particularmente mi atención. Hoy sé que su significado es “nevar, nieve”. P fue la última en llegar ese día a la capacitación y la primera que necesitaba irse porque tenía que irse a su otro trabajo. Un poco de mala costumbre, quise que quienes se habían acercado ese día a la sucursal, tuvieran unos pocos minutos conmigo después de la atención al público para que me pudieran hacer preguntas y también para tener sus contactos. Para mí era importante que si tenían preguntas después de la capacitación, me las hicieran llegar. Creo que después de ese momento me sentí un poco culpable y envié un mensaje grupal pidiendo disculpas por haberlos hecho quedar más tiempo del estipulado, haciéndoles saber nuevamente que si tenían dudas me contactaran.


Casualmente, generé un mejor contacto con los nuevos que con mis compañeros de trabajo que ya estaban en una posición semejante a la mía (con ellos nos veíamos una vez por mes). Quería seguir viéndolos, así que les propuse que después de alguna de las jornadas mensuales que nos tocaban compartir, saliéramos a tomar algo. Todavía hay una foto de esa primera salida. P también estaba ahí. Parecía ser una persona que, aún con sus dos trabajos, todavía tenía ganas de salir con gente.


Al siguiente mes, volví a proponer una salida grupal. Después de la reunión que les conté teníamos una vez por mes, sólo P estaba dispuesta a salir. Fuimos a Johnny B Good, mi bar favorito de Puerto Madero. Creo que también la hice subir en las alturas para sacar algunas fotos desde un rascacielos (¿tanto?) de Puerto Madero. A veces me pregunto qué es lo que me gusta tanto de P. Es difícil tener que pasarlo a palabras. Serán esos horarios que tuvo aquella primera vez que me hicieron pensar que hacía las cosas distinto a como estaban estipuladas. Será esa energía infinita que tenía y sigue teniendo para salir todo el tiempo con quienes tiene ganas de hacerlo, pero al mismo tiempo también para trabajar y emprender. Será que ese día en JBG me contó más de su vida, de dónde era (Esquel), qué había estudiado (radiología), cómo había llegado a Buenos Aires (¡de muy joven!). Dicen que el tiempo es una de las cosas que más valoramos porque es una de las pocas cosas que no se pueden recuperar. Por eso, dicen, es importante lo aprovechemos con las personas que queremos estar y haciendo actividades que nos resulten divertidas. P me provocaba ganas de compartir el tiempo con ella. Quería seguir saliendo y compartiendo mi tiempo con ella, porque me divertía (¡obvio! ¿no voy a salir con una persona que me aburre, no?). Tenía que pensar algo creativo. Tenía que gustarme a mí y tenía que sorprenderla.


Se me ocurrió que podía resultar si hacíamos una salida “verde”. Se me ocurría que el lugar podía ser Tigre. Rápidamente comencé a Googlear. Solemos hacer esto cuando no tenemos idea por dónde empezar. Los resultados estuvieron a la vista y, para mi fortuna, no había que pensar demasiado. SV (una organización) ofrecía un recorrido de treinta minutos por los cinco ríos y luego incluía el descenso y almuerzo en un recreo (una isla donde podías pasar el día). ¿Tal vez deberíamos haber ido directamente al recreo, no? A pensó que podía conquistarla con un city tour por los cinco ríos. Encima nos trajeron café con alfajor. Nada más lejos que una excursión de jubilados. Perdón, P, yo sólo quería pasar un lindo momento con vos. Minutos después (no se piensen que era todo el día de tour) llegamos al recreo y le hicimos una intensa recorrida. Había elegido ese recreo particularmente porque tenía una playa. Piensen que en la salida con P traté de hacer un mix para este combo: salida verde más sol más playa. Era fin de semana largo. Creo que P se iba a ir a la playa y le cancelaron sobre la marcha. La salida que tenía pensada tenía que responder a la playa (no tenía por qué quedarse con las ganas por no haber ido a la costa), el día sin sol no es un día agradable y la propuesta era una salida verde: tenía que haber pasto, y lo hubo. Creo que fue una de las primeras veces que usaba un poco mis ideas poco creativas para organizar una salida que realmente tuviera sentido (excepto por el tour de jubilados). Tenía sentido porque estaba ella.


Continuará…



Olvidé contarles algunos detalles, previo a emprender el viaje a Tigre. Porté mi mochila de Flecha Bus del viaje de egresados. Esto tampoco estuvo bien… P tiene unos pocos años más que yo, pero con esos gestos iba a darle la sensación de que era un pendejo recién salido de la escuela secundaria. Algunos detalles se me podían pasar en esta salida que yo creía iba a estar muy buena. Le mandé mi ubicación a P mientras emprendía el viaje en colectivo hacia Belgrano, el barrio que habíamos seleccionado como punto de encuentro. Cuando me bajé del colectivo en el barrio de Belgrano, altura subte D, estación Congreso de Tucumán ella me mandó un mensaje que recién estaba comenzando el viaje. Otra vez iba a llegar tarde. Por suerte no teníamos tickets de barco con un horario de partida específico, con lo cual no era relevante si llegábamos un poco más tarde. Caminamos por las calles de Belgrano. Era un día de verano, alguno de los días feriados por carnaval, pero la mañana estaba fresca. Eran cerca de las 10 AM. Nos dirigimos a la estación Núñez. En el transcurso del viaje a ella, observábamos las casas del barrio. P, ¿no te gustaría vivir por acá?-le preguntaba. Yo ya viví por acá-me respondía P. Puedo aprender muchas cosas de P-pensé.


El viaje en tren no fue divertido. Tampoco el tour por los cinco ríos. Antes de hacer la parada en el recreo, algunos pasajeros bajaron en Delta Terra (salida pendiente). Había mucha gente que llevaba su carne y podía asar en las parrillas que disponía el recreo. Había canchas de fútbol, de vóley y de tenis. Hacia el final del recreo se encontraba un río, más angosto que por el que habíamos venido. Allí había algunos kayaks (salida pendiente). La playa del recreo tenía arena artificial. Compartíamos manta para no sentarnos sobre la arena. Ella la había olvidado. Para los que me conocen saben que soy fanático del mar y un poco también de los ríos. Tenía que meterme. Cuando volví a sentarme sobre la manta. Le pregunté si no iba a venir. Me dijo que era un roñoso. Que esa agua de río no era para meterse, aunque después le pedí que me acompañara y se animó. Tenía miedo y sólo se mojó los pies. El almuerzo (que estaba incluido en el pack de SV) fue pollo con ensalada. A la tarde no podían faltar unos tragos: creo que pedimos daikiri de frutilla y caipirinha. Más tarde fuimos a acostarnos a las orillas de ese río angosto que les comenté apenas unas líneas antes. P había llevado bizcochuelo con dulce de leche. De otro mundo. P tenía en ese momento algunos tatuajes (tiempo después se haría otros). Uno era de una estrella. Otro era con la palabra “resiliencia”. Le pregunté por qué se tatuaba y si aquello que se tatuaba tenía un significado para ella. La estrella era para tener bien cerca y en todo momento a una bella persona que fue la más importante de su vida. Resiliencia es una palabra que representa la capacidad de una persona para adaptarse a situaciones adversas con pensamientos positivos. Tiempo después resiliencia iba a ser una palabra que se usaría en capacitaciones. P ya la conocía de antes.


Ese día en Tigre, P se mostró una persona transparente, fuerte, sensible y soñadora. Y me gustaba… quería seguir conociéndola y compartiendo tiempo con ella. Cuando agarraba mi celular y abría Whatsapp, tenía ganas de hablarle. No sé si podré explicarlo con palabras. Cuando la veía sentía más palpitaciones, como si mi corazón se pusiera contento de verla. Y cuando no la veía, la extrañaba y tenía reales ganas de hablarle. De alguna manera, tenía que interpretar esta sensación. Y no era un diagnóstico de taquicardia. No me arruinen el momento sentimental de escritura. Tenía que decírselo.


¿Expresar o reprimir? En otra nota intenté hacer un intenso debate sobre de qué manera expresar ese sentimiento que tenés adentro o, por el contrario, si debías dejártelo guardado. En aquel momento, estaba por finalizar el verano y comenzaba marzo. Me tocaba vivir por primera vez, de “grande” y más consciente, el fallecimiento de un familiar que siempre consideré cercano y compañero. El gran Juan. Él sabía el aprecio que le tenía y que le teníamos todos en casa. Cuando una persona deja de acompañarnos físicamente, uno siempre se pone a reflexionar sobre si, alguna vez, existió el día en que le dijiste cuánto lo querías o, si compartiste suficiente tiempo con él, acorde con lo que vos tenías ganas de que fuera así. Desde ese momento, siempre quise decir lo que me pasaba. A quien fuera. Porque siempre es lindo que la otra persona sepa que vos querés compartir tu tiempo con él/ella. Nada ni nadie tenía por qué frenar esa situación. Entonces, si P me gustaba tenía que decírselo.


Debo reconocer que era la primera vez que yo tenía ganas de expresar sentimientos. Entonces, en ese momento pensé dónde, cuándo y cómo. Se los voy a contar.


Dónde: tenía que ser en un lugar distinto al de siempre. La mayoría de mis salidas ocurrían en Puerto Madero. Entonces, hacer un planteo o una propuesta en Puerto Madero no iba a tener ese tinte “distinto” que yo quería que sucediera.


Cuándo: tenía que ser ya. De hecho, creo que fue unos pocos días después de la salida a Tigre. ¿Un mes después, tal vez? No fue tanto tiempo más. Quería decírselo.


Cómo: como saliera. Tenía que ser auténtico y generar llegada a la otra persona. Tenía que salir bien.


Recuerdo que mi amigo G me sugirió comprar chicles. Si a ella le pasaba lo mismo, el final tenía que ser un beso y las primeras impresiones son muy importantes. Recuerdo también a mi amiga AG. Ella me decía que sea sincero, que le plantee las cosas como realmente me pasaban. Ella lo iba a entender.


Todo tenía que salir bien o, tal vez, tanta preparación previa podía provocar que las cosas no salieran tan bien. Lo más importante era hacerle saber que quería pasar tiempo con ella. Que me gustaba.


Continuará…



Acordamos que el punto de encuentro iba a ser Parque Rivadavia, en el barrio porteño de Caballito. No recuerdo por qué había sido ese lugar. Creo que era un punto intermedio entre donde estaba ella (volvía de algún trámite) y donde yo estaba (Microcentro). Jamás había ido a Parque Rivadavia. Mientras la esperaba, hice un recorrido de campo… para ver a dónde podíamos salir. Había un Starbucks, un McDonalds, un shopping bastante cerca y una plaza. Primero hice la recorrida por la plaza. Encontré un kiosco y compré chicles de menta fuerte. Me acuerdo mucho de los detalles, sépanlo. La plaza me pareció muy amplia y bella. Se sentía ese aroma típico de cuando está por llegar el otoño. Había muchos árboles con flores rosas que perdían sus hojas. Cuando llegó P, me dijo que había surgido un nuevo sabor de jugo en McDonald’s y que no quería comer nada porque había comenzado una rutina de alimentación saludable. Entre nosotros: el objetivo de hoy sigue siendo el mismo y está cada día más linda. Compramos ese jugo nuevo para probar y nos fuimos a pasar un rato a la plaza. El juego no estaba bueno o, no supe disfrutarlo. De hecho, no lo terminé. Estaba nervioso. Se venía un momento muy importante para mí. Era el primer planteo o la primera declaración de amor por otra persona, mirándola a los ojos. Las anteriores de la escuela secundaria eran esos juegos que hacías con otra persona por algunas líneas de una carta. P iba a ser la primera.


Nos sentamos en la plaza y comenzamos a conversar sobre otros temas. Hasta que en un momento le dije así. Y nótense cómo lo recuerdo. Fue un momento muy lindo para mí. “Quería que conversáramos un momento sobre nosotros”-le dije en un tono de voz que ya comenzaba a resecarse. ¿A quién no le pasó que se le reseque la voz cuando estaba por decir algo importante? “Quería decirte que, en todo este tiempo que nos conocimos, resultaste ser una linda persona. Me gusta mucho que seas del Interior. Das la sensación de que sos una persona que no vive con la aceleración del típico porteño”-continué. Para este momento, no se imaginan la cara que había puesto P. No se la imaginan. Intentaré describirla. Imagínense a una persona asustada, que abre sus ojos para ponerse en alerta y mostrando cierto impacto (no demasiado positivo) en lo que estaba escuchando. “¿Qué te parece seguir conociéndonos?”-finalicé. Creo que también le propuse ser algo así como “amigovios”. ¿Se acuerdan de este término que se usaba hace algunos años?
 Después de las distintas reacciones que les fui describiendo, se imaginarán la respuesta de P. “No me esperaba estos comentarios”-respondió. A los pocos minutos nos paramos y comenzamos a caminar hacia una galería de ropa. Creo que le pedí perdón (no debí hacerlo) y le comenté que, luego del fallecimiento de mi tío, todo lo que sentía que la otra persona tenía que saber, se lo iba a hacer saber. Luego de la galería de ropa, nos acercamos hacia el ingreso al subte y la despedí con un beso, en la boca. No se imaginan la reacción de P. Le pregunté si mañana iba trabajar. El día siguiente era feriado. Realmente mi cabeza ya no podía pensar. Se fue.


Recuerdo googlear desde mi teléfono dónde estaba. No sabía cómo volver. Pude ubicarme bastante fácilmente. Los días ya eran más cortos, por lo que se acercaba la noche. Caminé unas diez cuadras solo hacia Parque Centenario para tomarme un colectivo que me dejara cerca de casa. Estaba contento porque quería que supiera que me importaba y que quería seguir compartiendo tiempo con ella. Estaba triste porque sentía que no había funcionado.


Al llegar a casa, me mandó un mensaje de audio por Whatsapp. Ya no lo tengo en mi teléfono. Pasó mucho tiempo, pero decía algo así. “Me sorprendiste con lo que me dijiste. Desde el principio actuaste como amigo. Me gusta que seas mi amigo. No me gustaría perderte. Yo me conozco y no quiero decirte que sí porque si en pocos meses me arrepiento y no quiero salir más, te voy a lastimar”. Colóquese en este párrafo la foto de Rafa Gorgory (de Los Simpsons) cuando Lisa le dice que le dio la postal del trencito por lástima. Rafa tenía el corazón roto.


No hubo siguientes salidas después de aquella vez. Sólo hablábamos por Whatsapp y mucho menos que antes. Siempre pienso que en los afters son el momento en que uno se encuentra consigo mismo. Antes está trabajando, o está estudiando, o está enseñando, o está haciendo un curso. Un after es un momento en el que te encontrás vos con otra persona y charlás de vos, de él o ella, de la vida. Siempre después de cada after le grababa un mensaje de voz. Recuerden que me prometí a mí mismo siempre decir lo que me pasaba cuando sentía que me pasaba. “Te extraño. Siempre pienso en los momentos lindos que pasé con vos. Algún día vamos a estar juntos”-le decía. Sentía, y sigo sintiendo, que cada una de esas palabras que reflejaba en cada uno de esos audios tenía sentido y algún día próximo van a ser realidad.


Después de este relato tomé la decisión de salir con otra persona. Ella también. Lamentablemente, sentí que esa persona no tenía que ser más mi compañera. P sintió lo mismo con su compañero. Casualmente, la vida vuelve a encontrarnos de vuelta solos. Recuerden que esto es ficción, basada en una historia real. ¿Y si volvemos al relato de Tigre y construimos una historia distinta y más linda? La historia es bella, pero siempre se la puede pensar aún más bella. ¿Me acompañás?


¿Fin?

miércoles, 8 de julio de 2020

UN GOLPE BAJO EN CUARENTENA – primera parte


Hoy en Argentina es el día previo a un nuevo aniversario por nuestra Independencia. Por lo tanto, podrán imaginarse que es un miércoles casi viernes, lo cual permite tomarse estos momentos pacíficos para escribir algunas líneas.


La historia de hoy no es ficción y está basada en hechos reales. Es una historia que está creada con mucho potencial, que tuvo un fuerte altibajo, pero que está lista para seguir adelante, con mucha más potencia que en el arranque.


Hace varios años, aunque no tantos, trabajaba en atención al público de un banco. Avenida Corrientes y San Martín, pleno Microcentro porteño. Estaba superando el año desde mi ingreso al banco y de lidiar todos los días y durante cinco horas con clientes. Muchos de los que me conocen saben que tengo mucha paciencia, pero considero que todos en algún momento dejamos de ser pacientes. Esta situación suele darse particularmente cuando los momentos en los que uno trata de tener paciencia comienzan a repetirse. Suena feo, ¿no? El mismo cliente que siempre viene a pedirte la misma ayuda luego de haberle explicado en reiteradas oportunidades con mucha amabilidad y dedicación cómo realizar cierta transacción. O aquel que se acerca con una problemática que tal vez no se puede resolver en lo inmediato, pero aún así vos tenés que estar ahí porque sos la cara visible de la organización. Con estas situaciones y con estos argumentos me sentaba con mi líder de aquel momento a plantear un pase interno a una posición que no estuviera relacionada con atención al público. Luego de aquel día, los días pasaban y los meses pasaban. Surgían algunas propuestas, pero eran bastante híbridas y dilatadas en el transcurso del tiempo.


Llegó el verano. Recuerdo estar en una pileta climatizada del otro lado del charco (vacaciones en Uruguay). Solo. Eran cerca de las 20 hrs. Comenzaba a anochecer. Recuerdo un edificio cercano a esa pileta que, en su terraza, tenía una luz parpadeante que cambiaba de colores todo el tiempo. Si recuerdo el orden de los colores, sería una persona demasiado detallista. Tranquilos. No los recuerdo. En ese momento en el que estaba solo, la cabeza te invita a la reflexión. Pensás en lo que sucedió, y en lo que está por venir. Y también pensás en tu futuro laboral, aunque estés de vacaciones. La cabeza no se desconecta tan explícitamente aunque estés de vacaciones. El banco no me proponía una alternativa en lo inmediato. La atención al público estaba comenzándome a pesar. Leía muchas búsquedas (antes de las vacaciones) en las que uno de los requisitos que siempre predominaba era el dominio del idioma inglés. En todas las búsquedas se encontraba inglés a la orden del día. Mi inglés era lo que aprendí en la secundaria. Uds sabrán qué tan básico es. En aquel tiempo, hablaba mucho con P y definimos anotarnos juntos en los cursos súper económicos que brinda la Secretaría de Extensión Universitaria en la Facultad de Medicina de UBA. Llegó el día en que íbamos a saber sobre los días y horarios. P estaba en la lista y yo no. Tal vez ese destino al que uno muchas veces se refiere no quería que comenzara inglés en Fmed.


Previo a tomar la definición de Fmed, habíamos hecho con P un estudio de campo de otras alternativas. El camino en ese momento era que no lo hiciéramos juntos. Llegó el día después. Estaba muy enojado conmigo mismo. No estaba gestionando acciones que me hicieran lograr lo que tenía ganas de hacer. Esa misma tarde salí de la sucursal. Me habían rotado. Estaba en Avenida Corrientes y Uruguay. Comencé a caminar. Algunas cuadras. Hasta llegar a la sede Centro del Centro Universitario de Idiomas, en la calle Junín. Fui a hacer el examen de nivelación y ese mismo día me anoté. Era un poco pretensioso. Quería estudiar cerca de casa, así que me anoté en la sede Agronomía, pero había un problema… las clases en Agronomía eran los martes y… ¡ese día era martes! Las clases arrancaban a las 18 hrs y eran las 18:15 hrs. Los que me conocen saben que no iba a resistirme en perder la primera clase de inglés y arrancar la próxima. Me tomé el subte, luego el tren y luego caminé toda Agronomía hasta la sede donde tenía las clases. Me miraron un poco raro cuando entré tanto tiempo después. Estaba contento de haber llegado.


En el banco había logrado que me “promocionaran”. Tiempo después comenzaba a trabajar en Control de Gestión. En CDG, los horarios no eran iguales que en la sucursal y no pude para siempre mantener los martes en Agronomía. Sin embargo, quería seguir cursando cerca de casa. Después de un año de cursada… me anoté los sábados. Recuerdo esa primera clase de sábado… cuando entré estaba K ahí. Todavía compartimos grupo de Whatsapp con ella. Unos minutos después entraba un masculino (parezco policía), flaco y con lentes de sol. Y arrancó a hablar en inglés. Era el profesor…


Algunas clases después nos enteramos de que nuestro profesor era actor. ¡y nos quería invitar a una de sus obras de teatro! A la primera no pude ir (lamenté no haber ido), pero en la segunda estuvimos presentes un montón de nuestro grupo de inglés, y también de otros grupos de inglés del CUI. Con C quedamos fascinados y, en las siguientes clases de inglés, empezábamos a jodernos con que teníamos que abrir el telón y subir al escenario. En lo personal, tuve teatro durante un año en la escuela primaria. Y mi rol era leer las frases “entre telones”. ¿Vieron esas frases en off en las que se cuenta una pequeña parte de la historia y luego salen los personajes? Así de triste era mi rol en teatro de primaria. Tal vez la “seño” de aquel momento no me veía mucho futuro. Yo tampoco estaba muy convencido. De más pequeño participaba en todos los actos escolares (todos participábamos), pero estaba llegando a la edad en la que me empezaba a dar vergüenza. Algo que suele ser normal cuando arrancás esa período pre-adolescente.



Profe de inglés actor. Habíamos ido a su obra. De a poco comenzábamos a imaginarnos detrás del telón y enfrente de mucha gente. Porque soñar es lindo. Comenzaban unas nuevas vacaciones de verano y nuestro grupo de inglés estaba un poco apagado. Los que me conocen ya saben que no tuve mejor remedio que activarlo. Fanático de los after office y de ver gente, no iba a faltar oportunidad para vernos con el grupo de inglés, que se encontraba un poco abandonado. Definimos como punto de encuentro un bar de la zona de Agronomía. Seguro lo conocen… tiene sucursales en lugares tantos. Se llama “Rotterdam” y lo extraño una banda. No estoy preparado para soportar otra pérdida.


Días antes de esta salida que comencé a contarles, comenzamos un diálogo más cercano con C y retomamos nuestra ferviente idea de comenzar teatro juntos. Los que me conocen saben que me gusta poner fechas de comienzo a los proyectos, dado que si no hay fecha de comienzo, el proyecto no se concreta. Entonces… había que definir fecha, pero también lugar. Google nos había recomendado un “teatro para no actores”, que se llamaba “Teatro Creativo”. Había un curso intensivo de cuatro clases para febrero. ¿Qué podía fallar? Cuatro clases de dos horas cada una. Si no nos gustaba, a otra cosa…


¿Qué podía pasar después? Llegaba el día del after con el grupo de Inglés. En un momento en el medio de la noche… teníamos que contar de nuestro proyecto y ganar más convocatoria. No queríamos ser sólo nosotros dos. Y teníamos una aliada. Era J. La miramos fijo y le dijimos:


A: J, tenemos que contarte algo.
J: Ay, chicos, no me asusten. ¿Quién se puso de novio?


Rápidamente le contamos que teníamos una idea muy loca. Esa idea era comenzar un proyecto artístico. Cuando hablamos de artístico… muchos piensan en cantar, pero no… era hacer teatro. J no se empezó a querer sacar más información. Sorprendentemente, a ella también le gustaba la idea. Cuando nos percatamos de eso, casi la hacemos entrar a Mercado Pago para que pague la seña de reserva de vacante. Le hicimos que nos prometa que lo iba a pagar. Yo no lo creía, pero después mandó captura del pago. Nos pusimos muy contentos…


El día estaba por llegar… y yo no sabía dónde meterme. Hacía exactamente quince años que no hacía teatro. Bah… si lo que les conté en la primera parte podía ser teatro. Ese martes en el que comenzamos nos dijeron que teníamos que estar a las 19 hrs para arrancar. Creo que llegué como a las 18:30 hrs. Uds ya saben cómo soy. El amable señor de seguridad me dijo que era bastante temprano. Que esperara un rato. Cuando por fin se hizo la hora… subí a aquel piso en las alturas y toqué el timbre del departamento del estudio. Me recibió E. Fui el primero en llegar, claro. Subí con N, que fue la única clase que fue. La música estaba al palo y la energía de E resultaba increíble.


Las clases de febrero fueron cuatro. Los avances fueron abismales. La diversión estuvo a la orden del día. Salíamos de la clase tan contentos que seguíamos actuando. No hubo día que hiciéramos salida para comer (o beber) luego de esa jornada. En febrero éramos muchos y sólo nos íbamos a ver durante cuatro clases. La actividad del primer día era un juego en el que E nos proponía recordar nuestros nombres. Debe haber sido una de las pocas veces en mi historia que me acuerdo de tantos nombres en tan poco tiempo. Ni siquiera en ese cambio de trabajo que les conté me aprendí los nombres de mis compañeros tan rápido.


Cuando terminó la experiencia febrero… podíamos optar por continuar los lunes, los martes o los sábados. En el transcurso de todo esto que les cuento, C empezó a salir con un chico y quería anotarse el mismo día que ese chico. Es como que… ahora te quedás solo. Qué decirles. Es mi amiga. Prefirió anotarse conmigo y cambió de día sus clases de potery. Más tierna.


En el comienzo de marzo… por la televisión pasaban sobre un virus en China, que comenzaba a expandirse por Europa. Poco tiempo después, la Organización Mundial de la Salud lo caracterizaba de pandemia. En Argentina, estábamos bien. El ministro de Salud salía en conferencia a decirnos que no había chance de que el virus ingresara a nuestro país. Así que nosotros en teatro jugábamos un poco con la idea de una persona que viene de Europa con el virus. Algunos días después, ya no se iba a poder joder más con el virus. Nuestro presidente anunciaba un proceso de aislamiento preventivo, solidario y obligatorio para todos nosotros. En Twitter comenzaban esos hashtags #QuedateEnCasa. En el trabajo nos mandaban a trabajar desde casa.  En la facultad, comenzaba a cursarse en modalidad virtual. La maestría postergaba el inicio de clases, al igual que inglés. Faltaba teatro… que al poco tiempo nos escribía un correo diciéndonos que se suspendían las clases hasta nuevo aviso.


Días después ya estábamos teniendo clases de teatro virtuales. Aunque las primeras eran propuestas como charlas para vernos y saber cómo estábamos pasando ese momento distinto. Teníamos que sentirnos un poco más cerca. El tiempo siguió pasando y las cuarentenas extendiéndose. No volvíamos, pero los encuentros comenzaban a tomar forma y se convertían en juegos. Seguíamos sin volver, y los encuentros comenzaban a convertirse en clases en serio. Improvisábamos por Zoom. Quién iba a pensarlo.


Me pone muy triste contarles sobre esto. Y por eso lo hago sobre el final. Los encuentros, los juegos y clases no tenían ningún costo, pero el equipo creativo seguía teniendo muchos costos por detrás. Son personas como nosotros y tenían que seguir viviendo. Con la expectativa de que el regreso de actividades artísticas presenciales iba a estar muy lejano en el tiempo, M (director de la escuela) nos anunciaba el cierre de Teatro Creativo. No existe descripción para las caras que tenían todos los alumnos que habían podido conectarse en ese momento.


No ampliaré demasiado más porque no me pone contento el cierre, pero espero haberles podido transmitir lo feliz que fui en cada uno de esos momentos antes, durante y después. Ojalá pudieran sentir esa misma sensación después de una clase de teatro. A veces cuando algo no se puede explicar con demasiada claridad es porque realmente estuvo bueno. Cuando no podés explicar lo que sentís, es amor.


Lo mejor está por venir 

domingo, 5 de julio de 2020

¿POR QUÉ LOS ARGENTINOS PENSAMOS EN DÓLARES?


¡Hola a todos! ¡Qué lindo volverlos a ver! La nota de hoy comentará por qué los argentinos desprecian al peso argentino, cuando ésta es su moneda local y es a través de la cual deben realizar la mayoría (no todas) de las transacciones habituales.


Como Uds saben estoy transitando la cursada virtual de una Maestría en Finanzas en UCEMA y mi entorno me pregunta (amigos y familia) con pregunta con bastante frecuencia dónde invierto, es decir, cuáles son las alternativas de inversión más convenientes. Sin embargo, algo que tengo siempre muy presente y que me interesa transmitir a quienes hoy me están leyendo es que en Finanzas, como en muchos aspectos de la vida, no existe la certidumbre, lo cual convierte a muchas variables en no controlables. Lo interesante es dar razón de ser a esas variables no controlables y utilizarlas a tu favor, siempre.


Empecemos por una premisa muy básica que me interesa desmitificar. ¿Cuál es la diferencia entre ahorrar e invertir? ¿La sabés? Ahorrar es esa acción de, luego de cobrar/tener un ingreso y de saber que hay una parte que no vas a gastar, vas a separar para utilizar más adelante en el tiempo. ¿Qué quiere decir eso? Que si una persona cobra $20.000 y sólo consume $10.000 puede ahorrar los otros $10.000 para, dentro de unos meses, irse de vacaciones, comprarse ropa, salir a comer con amigos/as, hacerle un regalo a algún familiar por sus respectivos cumpleaños. Pero esto es sólo ahorrar. Invertir es destinar ese dinero ahorrado a colocarlo en un producto de inversión que genere una rentabilidad en el transcurso de un tiempo. Es decir, que esos $10.000 que no consumí y que definí ahorrar, sean colocados en un plazo fijo o fondo común de inversión para que, con el transcurso del tiempo (30 días para el plazo fijo/ 1 día para el fondo común de inversión), me genere una rentabilidad en el transcurso del tiempo. Claro tiene que estar que dependerá del producto de inversión al que defina destinar mis ahorros la rentabilidad que me generará luego del transcurso del tiempo. Puede ser conservadora (por lo general, inversiones con rentabilidad positiva) y un poco más arriesgadas (aquí las inversiones pueden tener rentabilidad muy positiva y también es posible perder dinero invertido).


Como Uds habrán podido visualizar desde sus cuentas bancarias, el Banco Central de la República Argentina (BCRA) reguló desde hace algunas semanas las tasas mínimas que deben ser pagadas a los ahorristas por sus inversiones en depósitos a plazo (plazos fijos). La última tasa regulada vigente es de 30,02%.


Ayer hice un ejercicio en el que asumía tener un capital el 01/01/2020 de $100.000 y lo invertía en depósitos a plazo fijo a 30 días por los siguientes 12 meses, asumiendo que la tasa que me pagarán por este depósito se mantiene durante todo el año constante. La tasa nominal anual (TNA) es de 30,02% y la tasa efectiva anual (TEA) a la que se arriba, fruto de que todos los meses reinvierto el capital más los intereses obtenidos (monto), es de 34,51%. Lo cual quiere decir que el 31/12/2020 finalizo el año con intereses de $34.514,83 de acuerdo con el ejercicio.


Uds sabrán que, en caso de que deseen continuar viviendo en Argentina, en el futuro próximo deberán irse a vivir solos, querrán comprarse un automóvil o le agarrarán el gustito a hacer viajes al exterior, aburridos de las vacaciones familiares y con amigos en el ámbito local. Para llevar adelante todas estas acciones, probablemente (aunque no en todos los casos) Uds deberán finalizar la transacción en moneda extranjera dólares estadounidenses. Es decir, no podrán cursarla en moneda local. Lo cual quiere decir que deberían pensar una parte de sus proyectos de mediano-largo plazo en moneda extranjera.


La segunda parte de este ejercicio consistía en comprar dólares el 01/01/2020 en el circuito oficial + impuesto PAIS (asuman que no hay restricción de compra máxima de 200 USD) y mantenerlo hasta el 31/12/2020 en “saldos vista” de nuestras cuentas bancarias. Los $100.000 se convertirían en 1.286 USD (a un tipo de cambio de 59,80 + 30%). De acuerdo con el relevamiento de expectativas de mercado (REM) que publica todos los meses en BCRA, el tipo de cambio de diciembre ’20 se ubicará en torno a los ARS/USD 88, es decir, que si le adicionamos el impuesto PAIS tendremos un tipo de cambio de ARS/USD 114. El 31/12/2020 deciden vender los 1286 USD a ARS/USD 114. Reciben $147.157, es decir, tienen $47.157. Tasa nominal anual 47,16%. Obsérvese que la remuneración que logran por esta operación ya es más beneficiosa que invertir en un depósito a plazo fijo. ¿Esto es un ahorro o una inversión? ¡Dejame tu respuesta en comentarios! Estoy utilizando datos publicados por el BCRA. No son inventados.


La tercera parte del ejercicio era suponer que Uds tienen que hacer una compra importante el 01/01/2020. Supónganse que tienen que comprar un paquete para un viaje, pero por distintas cuestiones deciden postergar ese consumo para el 01/01/2021. Supónganse también que el gasto que deberían hacer en enero ’20 era de $100.000. De acuerdo con el REM que antes les comenté, la inflación esperada para este 2020 es de 40,7%. Si asumen que esta inflación será igualmente distribuida en cada uno de los períodos de un año, eso representará un 3,39% de inflación mensual. Utilizando este índice mensual de inflación para cada uno de los períodos, el precio del paquete estará en enero ’21 $140.700, es decir, saldrá $40.700 más caro que en enero ’20. Tasa nominal anual 40,70%. Son datos del BCRA. No fueron inventados.


¿Cuáles son las conclusiones que te quiero mostrar?


Depósito a plazo fijo TNA 30,02%.


Compra de dólares TNA 47,16%.


Postergación de un consumo me implicará una TNA 40,70%.


Si invierto en un depósito a plazo fijo en ARS, no sólo estoy perdiendo dinero en términos de moneda extranjera USD (esto es habitual que suceda), sino que también estoy perdiendo poder adquisitivo en términos de inflación (esto no debería suceder). ¿Qué quiere decir esto? Que los depósitos a plazo fijo, aún con tasa regulada, no “empatan” ni “ganan” a la inflación, es decir, si no invierto en otro producto financiero o no me dolarizo, perderé dinero en términos de dólares y en términos de poder adquisitivo. No podré comprar lo mismo hoy que en el transcurso de cierto período de tiempo.


¿Por qué los argentinos pensamos en dólares? Espero te hayas respondido sólo a esta pregunta. Porque si nos quedamos en pesos argentinos… perdemos dinero. Lo que podemos comprar hoy con ese dinero no es lo mismo que podremos comprar en un cierto período de tiempo con ese mismo dinero. Compraremos menos. Perdemos poder de compra o poder adquisitivo.


¿Qué podés hacer si tenés que quedarte en pesos y no querés perder poder adquisitivo? Posicionarte en activos financieros que estén ligados al valor de la Unidad de Valor Adquisitivo (UVA) o al Coeficiente de Estabilización de Referencia (CER). Lamentablemente, los plazos fijos UVA que propone el Banco son desde los 90 días y los títulos públicos que están ligados al CER los suele emitir el Tesoro Nacional a plazos largos. ¿Qué quiere decir esto? Que si me tengo que quedar en pesos argentinos por 30 días, no hay un producto financiero que me permita mantener el poder adquisitivo de mi dinero. ¿Quedan dudas, entonces, de por qué el argentino cuando tiene los pesos argentinos quiere sacárselos de encima con bastante urgencia? Porque no sirven para nada. Disculpen las terminologías extremas… Lamentablemente es la cruda realidad que nos toca vivir.


Les propongo hagan este mismo ejercicio que en el día de ayer me tomé unos minutos por construir. Podrán notar Uds mismos que todo lo que digo es cierto. Ingresen al sitio web del BCRA. Son fácilmente identificables la información de tipo de cambio pasada, Relevamiento de Expectativas de Mercado y valores de UVA y CER. Prueben y los resultados estarán a la vista.


¡Hasta la próxima!



sábado, 4 de julio de 2020

DIGITAL WORLD: ¿HACIA DÓNDE VAMOS?


¡Hola bellos/as lectores! ¿Cómo están? Espero estén de buen humor. En este prolongado período de aislamiento no hay nada más sano que pensar en positivo, actuar en positivo y definir pequeños proyectos de todo lo lindo que nos está por venir cuando toda esta difícil situación que estamos padeciendo logre finalizar.


Quiero conversarles hoy sobre una situación vivida hace pocas semanas… de la que no estuve muy conforme. Me gustaría contárselas y después, hacer una serie de comentarios relacionados con ese tema. Así que aquí vamos…


Alguno de Uds ya sabrán y para los que no… este año decidí comenzar estudios de posgrado (todavía no me canso de seguir perfeccionándome) y emprendí una Maestría en Finanzas. El primer trimestre (a diferenciar de la carrera de grado, el posgrado se vuelve a dividir en trimestres) comenzaba hacia la segunda quincena de marzo ’20. Era principios de marzo y comenzaban a circular noticias sobre los primeros casos de COVID-19 en Argentina. En lo laboral, se organizaban distintos Comités para conversar sobre cómo enfrentar la situación que se estaba por venir. En lo académico, primero UCEMA recomendaba no asistir a clases en caso de tener síntomas, luego postergaba el inicio de clases para principios de abril ’20 excusándose harían una preparación de clases virtuales y fuerte inversión tecnológica para avanzar con una nueva modalidad, que pocos conocíamos.


En lo personal, cursé tres materias del Ciclo Básico Común (CBC) hacia 2013 por UBA XXI y una materia de la carrera de grado en modalidad virtual. ¿Qué crítica podía hacerse hasta ese momento de la cursada virtual? Estaba bueno porque no tenías que asistir a clases presenciales (sólo tenías que asistir a rendir uno o dos exámenes presenciales para ser evaluado). Estaba bueno porque tenías un foro para hacer preguntas y generar debate con tus compañeros de cursada. Estaba malo porque no todos participaban de ese foro, ni todos se sumaban al debate que proponía el docente o alguno de los alumnos. Estaba malo si no eras demasiado organizado. Para las personas que no les es fácil enfocar, la modalidad de cursada no es la más conveniente.


Recuerdo aquella clase de Sistemas Administrativos de mi primera carrera como Contador Público con Sonia Sotomayor. Sonia nos pidió levantáramos la mano quienes estábamos cursando materias virtuales. Sólo uno o dos alumnos levantaron la mano. La conclusión a la que llegó la profesora es que la modalidad preferida seguía siendo la presencial, aunque no encontramos un por qué muy definido. Sería algunos años después, tal vez el día de hoy con esta nota, cuando nos toca reflexionar sobre la situación.


Hace dos lunes me tocó ser evaluado con la materia que cursé en el primer trimestre de la Maestría: Estadística. Y debo decirles que envié el examen (ya no decimos terminé) luego de dos horas con una marcada sensación de disconformidad. Sentía que me habían tomado actividades que no habíamos visto explícitamente durante la cursada, pero, y por sobre todas las cosas, sentía que no había podido aprovechar los pormenores de una clase presencial el día del examen. ¿Qué quiero decir con esto?


Muchas veces el día del examen, los profesores no quieren contestar las preguntas sobre redacción del examen a solas con el alumno, para que no levante sospechas de que le está cantando la respuesta. Entonces, por lo general, le piden al alumno que si tiene una pregunta la haga en voz alta. Y las preguntas que suelen hacer otros alumnos durante el examen suelen ser muy claves. ¿Por qué? Porque pueden darte señales de un ejercicio que estás convencido que hiciste bien, pero está mal. O pueden darte señales de algo que no estabas muy seguro de preguntar, pero alguien te ganó de mano a vos. Esto definitivamente no se puede aprovechar del mismo modo en una cursada virtual.


Del mismo modo que las claves de la cursada presencial el día del examen, puedo comentar otras situaciones que no me gustan de esta nueva modalidad que se definió seguir por el aislamiento obligatorio.


El objeto de una carrera de grado y, más aún, de una carrera de posgrado es generar “networking”. ¿Qué quiere decir esto? Que me tengo que conocer con otras personas porque me pueden ayudar a cambiar de trabajo, porque van a ser futuros profesionales en el mismo campo que definí me apasiona y quiero perfeccionarme, porque probablemente compartamos la misma pasión por los mismos temas y podremos seguir en contacto luego de la Maestría. En las clases presenciales, si llegás diez o quince minutos antes, podés aprovechar esos minutos hasta que llegue el profesor, para generar vínculos con las personas que están cursando con vos. En cuarentena, las clases virtuales comienzan cuando el profesor a cargo de la cursada da inicio a la plataforma que utilice para dar clases. Imposible la generación de contactos…


Cuando el profesor te dice que terminó la clase, pero a vos te quedó una duda muy específica de algo que viste o, sencillamente, querés hacerle un comentario al profesor sobre una sensación que tenés de la cursada o, tenés ganas de pedirle un consejo profesional, te quedás algunos minutos más y, probablemente, con mucho gusto responderá a tu consulta. En la cursada virtual, claro que podés hacer preguntas, o compartir sensaciones, o pedir consejo profesional. ¿Quién te lo impide? Pero, cuidado, te escuchan todos.


Estoy convencido que cuando se termine la cuarentena, todos continuaremos prefiriendo las cursadas presenciales, en detrimento de las cursadas virtuales. Sin embargo, me gustaría hacerte una pregunta… ¿justificaría que abandones la cursada de una materia de carrera de grado, posgrado por una disconformidad como la que te comenté sobre la modalidad de cursada?


Voy a serles muy sincero: no me gusta ni me divierte cursar virtual. De hecho, todos mis proyectos para este año eran actividades presenciales: cursar la maestría, ir a teatro, ser ayudante de FCE y cursar inglés. Todos mis proyectos para este año eran actividades presenciales. Todos mis proyectos para este año los estoy siguiendo en modalidad virtual. Porque no se nos permite hacerlo presencial. No hay manera. Vuelvo a insistirles con la misma pregunta. ¿Se justifica dejarlo todo porque no me cierra la modalidad? Vuelvo a insistirles con la afirmación que hice más arriba. Todos mis proyectos para este año eran en modalidad presencial.


Me pone muy triste la situación por la que todos estamos transcurriendo. Y también me pone muy triste tener que reemplazar todos mis proyectos para este año con una modalidad que no elegí. La pregunta vuelve a ser: ¿hay un botón de STOP para parar todo esto y poder seguir más adelante?


Muchos de Uds, y me incluyo, teníamos muchas ganas de que en nuestros trabajos nos propusieran una o dos veces por semana, poder hacer una jornada de teletrabajo/home office. Porque queríamos trabajar desde casa… Porque ayuda a impulsar el equilibrio entre trabajo y actividades personales. Pero ninguno de nosotros está convencido de que las actividades laborales deben ser un cien por cien virtuales. Porque seguro extrañamos también ver y conversar con nuestros compañeros de equipo. Compartir ese almuerzo de una vez por mes con Gustavo en Mostaza. Yo extraño esos momentos. Este va a ser el cuarto mes que no tenemos ese almuerzo el día de cierre (así lo llamamos) en nuestro trabajo. Y no puedo decirles lo que extraño salir de la oficina, conversar un rato con él y compartir un almuerzo en un local de comida rápida. Me lo estoy perdiendo… el virus me lo está sacando. Pero no tengo manera de evitarlo…


Entonces, no preferimos cien por cien el trabajo virtual. Alguna vez seguro nos ha pasado que nos dé un poco de “paja” ir a la facultad o ir al posgrado, ¿no podríamos proponer que tampoco sea cien por cien presencial? ¿Escucharon esa famosa frase que dice que las cosas en exceso siempre nos hacen mal? No nos hace bien ni es divertido trabajar el cien por cien en oficina. No nos hace bien ni es dviertido cursar cien por cien materias virtuales. Hoy nos toca la realidad virtual. ¿Tenemos que poner un STOP y dejar de cursar? ¿Tendríamos que poner un STOP y también dejar de trabajar?


Quiero escucharte. ¡Contame qué sensaciones te da a vos estar en cuarentena y estar utilizando obligadamente esta nueva modalidad!


¡Hasta la próxima!

jueves, 2 de julio de 2020

¿SOLO O ACOMPAÑADO?


¡Hola! Me agarra un poco de “extrañitis” cuando no les escribo por tantos días. Como alguna vez les comenté, disfruto mucho hacer esto. Escribirles. Es un momento de inspiración mental y de tratar de pensar en otra cosa. Hace apenas unos minutos me mencionaban en una historia de Instagram en la que decía #105. ¿Se acuerdan cuando les hablé hace un tiempo sobre el aislamiento social, preventivo y obligatorio? Seguimos acá.


Quiero contarles que tengo un “anotador” en el que escribo, cuando me llega la inspiración, de qué tiene que tratar la próxima nota que quiero hacerles llegar. Y les voy a contar los detalles… así es más divertido. Ya saben que hago teatro en Teatro Creativo. O en lo que era Teatro Creativo (será un tema de próxima nota). Y que el director de la escuela de teatro tiene un canal de podcast por Spotify. Uno de esos podcasts tenía como tópico de conversación “la experiencia de viajar solos”. De eso quiero que conversemos.


Los que me conocen saben que mis vacaciones siempre fueron familiares y, por lo general, fueron hacia destinos nacionales. Pocas veces he cruzado el charco (Uruguay) o viajado un poco más allá hacia las praias (Brasil). Con lo cual… la experiencia es bien nacional y mucha Argentina. Bien patriótico. Pero siempre quise viajar, un poco más lejos… y por eso, tal vez, la idea de ampliar mi grupo de amigos y conocer a alguien. Hacia un tiempo atrás… conocía a mi ex novia y viajábamos a la playa (esta vez en Argentina) y una vez nos animamos a cruzar el charco (Colonia del Sacramento). Tengo la gran ilusión de que mis próximos destinos serán con amigos/as. ¿O serán solo?


Quiero contarles alguno de mis miedos/inquietudes/preocupaciones de viajar solo. Espero no sentirme solo y que alguno comparta estas ideas.


1-   Moneda distinta de ARS.


Parece joda, pero esta puede resultar ser una complicación… te implica que saques ARS de tu cuenta bancaria y que camines a una casa de cambio para lograr obtener UYU, COP, BRL, USD, EUR y tantas otras monedas que tiene nuestro bello globo. Hay que hacerlo y requiere un tiempo de esta actividad.


2-   Moneda distinta de ARS – cajeros automáticos.


Para los que no somos fanáticos del uso de dinero físico y queremos realizar nuestros pagos en el destino con dinero digital (tarjeta de débito y/o crédito), hay que hacer cuentas y sé que a muchos esta tarea no les divierte para nada. Para los fanáticos como yo de dejar la cuenta en cero después de cobrar porque el dinero sin moverse es dinero que pierde poder adquisitivo, es un desafío saber cuánto tengo que dejar en vista para poder utilizar en el viaje y cuál es el cambio que el banco me va a tomar al momento de realizar dicho pago.


3-   El pánico de sentirse solo.


En caso de que el viaje sea solo, me cuesta animarme. Me suena terrible la idea de subirme a un micro y no tener con quién conversar. Me suena tremenda la idea de subirme a un avión y no tener con quién conversar. Sobre todo si sos de esas personas que le tiene un poco de temor a las alturas (no lo soy) y necesitan a alguien al lado que los esté bancando. No sólo esta mención la hago por el viaje. Cuando estás en destino… ¿qué hacés si estás solo? Le tengo pánico a la idea, pero en el podcast mencionaba que era una idea sensacional.


4-   Alojarse en un hostel.


En lo que a mí respecta, la idea del alojamiento tiene que estar cerrada desde el momento cero en que inicio el viaje. Hay personas que llegan al lugar, se ponen a caminar y ven dónde pueden encontrar hostels en los cuales alojarse. Son más económicos que un departamento o que un hotel. Hay mucha gente. En otra nota les conté que me gusta mucho estar con gente, todo el tiempo. ¿Será que tengo que viajar y alojarme en hostels? Debo decir que me genera cierta incertidumbre y desmotivación. ¿Será porque nunca experimenté esa situación? ¿Será por esas ideas familiares de tener siempre todo súper organizado y estructurado antes de comenzar el viaje?


5-   Movilización durante el viaje.


Vamos a suponer que cuando llegás a destino, te alojás algunos pocos días en ese destino, pero después tenés que movilizarse a otros lugares que quedan a bastantes kilómetros de distancia. Y lo definís cuando estás en el destino. Aquí no hay nada predefinido con anticipación. ¿Qué hacés? Lo quiero pagar con dinero digital. ¿A qué sitio web entrás? Hace algunos días me enteré que hay aplicaciones que resuelven esta problemática. Te permiten conversar con personas en destino antes de viajar, de modo que me podés orientar sobre a qué sitio web entrar para comprar un pasaje de micro/avión. Un problema menos, dado que me genera bastante incertidumbre tener que hacer todo eso en destino y que pueda salir mal. Como verán, soy una persona bastante preocupada.


No hice un ejercicio tan completo sobre cuáles son mis miedos/inquietudes/preocupaciones. Por el momento, no agregaré más. Sólo diré que el podcast incentivaba plenamente a viajar solo porque estás “obligado” a relacionarte con más gente. Y lo más divertido de todo esto es que estás obligado a relacionarte con gente que no conocés. Quién te dice que conocés gente nueva, conocés gente de otros lugares (seguro no sean todos de Argentina como vos) y descubrís y compartís con esas otras personas experiencias de otros viajes y compartís también el espacio, el momento y las salidas y excursiones en el lugar donde definiste pasar tus días libres. ¿Qué te parece?


Uds saben que me gusta escuchar sus ideas. Que, aunque no me comenten, si recibiste esta nota te pido me escribas un: te banco, las próximas te acompaño, me pasa lo mismo que a vos. Quiero saber qué opinás sobre viajar solo. Quiero saber si te animarías. Quiero saber también si me acompañarías. Y quiero saber también qué te gustaría conocer.


Hace algunos días estuve hablando con una persona sobre viajar. Y mencioné todos destinos exóticos y a los que estoy seguro nunca viajé y, tal vez, estoy seguro nunca se me cruzaron por la cabeza… porque es más divertido cuando viajás a esos lugares que nunca se te pasaron por la cabeza. La cabeza tiene muchísimo poder de imaginación. Es divertido hacer uso de eso cuando tenés ganas. Y más divertido es cuando eso que tenés ganas, lo convertís en un proyecto bien concreto.


Recuerden que muchos de mis proyectos comenzaron fruto de la imaginación. Qué pasaría si hiciera esto. Qué pasaría si viajara a este lugar. Qué pasaría si le hablara a esta persona. Qué tal si salimos a este bar. Pueden pasar muchas que no te esperás. Y podés llegar, fruto de la imaginación, a ciertas situaciones y lugares que no pudiste imaginar. Y esa sensación, me parece que está tremenda. Así que… ¿qué te parece? ¿Viajamos juntos? ¿o viajamos solos?


¡Hasta la próxima!