Mis notas siempre comienzan
con “hace varios años…”. Lo interesante de esta historia es que continúa en la
actualidad. Esta nota tendrá gran extensión. Si no tenés tiempo, dejalo para
después. Mejor avisarte que dejarte cansado.
Hace varios años, trabajaba en
atención al público en un banco (esto ya lo conté en otras notas). Los que me
conocen saben que no sólo me gusta aprender todo el tiempo cosas nuevas, sino
que también quiero transmitir conocimiento. El compartir conocimiento genera
nuevas oportunidades para vos y para otras personas. En esos meses de atención
al público en un banco, habiendo transcurrido el tiempo suficiente de
conocimiento acerca del puesto de trabajo, me elegían para capacitar a los
nuevos ingresos. También les conté que tuve la dicha de rotar por muchas sucursales.
En ese momento me encontraba en el barrio de Belgrano, Avenida Cabildo y
Juramento. Eran momentos de muchos nuevos ingresos y, en consecuencia, intensas
capacitaciones. Tres días de mi semana los iba a ocupar con atención al
público, mientras ocurrían las capacitaciones. Ya había avisado a mis compañeros
de sucursal y al gerente de esta situación. Tal vez iba a necesitar de su ayuda
en la atención a los clientes. No les gustaba demasiado la idea, pero a mí me
seguía gustando capacitar. Sucedió igual.
Recuerdo casi todos los
nombres de quienes vinieron a capacitarse. Recuerdo también a qué hora fueron
citados en la sucursal (todos a la misma hora) y a qué hora fueron llegando a
la sucursal. Esto que les cuento no tiene ningún sentido. Sólo soy un poco detallista.
Cuando recibí el correo con las personas que iban a venir a la capacitación,
leí sus nombres. Había un nombre, el de P, que captó particularmente mi
atención. Hoy sé que su significado es “nevar, nieve”. P fue la última en
llegar ese día a la capacitación y la primera que necesitaba irse porque tenía
que irse a su otro trabajo. Un poco de mala costumbre, quise que quienes se
habían acercado ese día a la sucursal, tuvieran unos pocos minutos conmigo
después de la atención al público para que me pudieran hacer preguntas y
también para tener sus contactos. Para mí era importante que si tenían preguntas
después de la capacitación, me las hicieran llegar. Creo que después de ese
momento me sentí un poco culpable y envié un mensaje grupal pidiendo disculpas
por haberlos hecho quedar más tiempo del estipulado, haciéndoles saber nuevamente
que si tenían dudas me contactaran.
Casualmente, generé un mejor
contacto con los nuevos que con mis compañeros de trabajo que ya estaban en una
posición semejante a la mía (con ellos nos veíamos una vez por mes). Quería
seguir viéndolos, así que les propuse que después de alguna de las jornadas
mensuales que nos tocaban compartir, saliéramos a tomar algo. Todavía hay una
foto de esa primera salida. P también estaba ahí. Parecía ser una persona que, aún
con sus dos trabajos, todavía tenía ganas de salir con gente.
Al siguiente mes, volví a
proponer una salida grupal. Después de la reunión que les conté teníamos una
vez por mes, sólo P estaba dispuesta a salir. Fuimos a Johnny B Good, mi bar
favorito de Puerto Madero. Creo que también la hice subir en las alturas para
sacar algunas fotos desde un rascacielos (¿tanto?) de Puerto Madero. A veces me
pregunto qué es lo que me gusta tanto de P. Es difícil tener que pasarlo a
palabras. Serán esos horarios que tuvo aquella primera vez que me hicieron
pensar que hacía las cosas distinto a como estaban estipuladas. Será esa
energía infinita que tenía y sigue teniendo para salir todo el tiempo con
quienes tiene ganas de hacerlo, pero al mismo tiempo también para trabajar y
emprender. Será que ese día en JBG me contó más de su vida, de dónde era (Esquel),
qué había estudiado (radiología), cómo había llegado a Buenos Aires (¡de muy joven!).
Dicen que el tiempo es una de las cosas que más valoramos porque es una de las
pocas cosas que no se pueden recuperar. Por eso, dicen, es importante lo
aprovechemos con las personas que queremos estar y haciendo actividades que nos
resulten divertidas. P me provocaba ganas de compartir el tiempo con ella.
Quería seguir saliendo y compartiendo mi tiempo con ella, porque me divertía (¡obvio!
¿no voy a salir con una persona que me aburre, no?). Tenía que pensar algo creativo.
Tenía que gustarme a mí y tenía que sorprenderla.
Se me ocurrió que podía
resultar si hacíamos una salida “verde”. Se me ocurría que el lugar podía ser
Tigre. Rápidamente comencé a Googlear. Solemos hacer esto cuando no tenemos
idea por dónde empezar. Los resultados estuvieron a la vista y, para mi
fortuna, no había que pensar demasiado. SV (una organización) ofrecía un recorrido
de treinta minutos por los cinco ríos y luego incluía el descenso y almuerzo en
un recreo (una isla donde podías pasar el día). ¿Tal vez deberíamos haber ido
directamente al recreo, no? A pensó que podía conquistarla con un city tour por
los cinco ríos. Encima nos trajeron café con alfajor. Nada más lejos que una
excursión de jubilados. Perdón, P, yo sólo quería pasar un lindo momento con
vos. Minutos después (no se piensen que era todo el día de tour) llegamos al
recreo y le hicimos una intensa recorrida. Había elegido ese recreo
particularmente porque tenía una playa. Piensen que en la salida con P traté de
hacer un mix para este combo: salida verde más sol más playa. Era fin de semana
largo. Creo que P se iba a ir a la playa y le cancelaron sobre la marcha. La
salida que tenía pensada tenía que responder a la playa (no tenía por qué
quedarse con las ganas por no haber ido a la costa), el día sin sol no es un
día agradable y la propuesta era una salida verde: tenía que haber pasto, y lo
hubo. Creo que fue una de las primeras veces que usaba un poco mis ideas poco
creativas para organizar una salida que realmente tuviera sentido (excepto por
el tour de jubilados). Tenía sentido porque estaba ella.
Continuará…
Olvidé contarles algunos
detalles, previo a emprender el viaje a Tigre. Porté mi mochila de Flecha Bus
del viaje de egresados. Esto tampoco estuvo bien… P tiene unos pocos años más
que yo, pero con esos gestos iba a darle la sensación de que era un pendejo
recién salido de la escuela secundaria. Algunos detalles se me podían pasar en
esta salida que yo creía iba a estar muy buena. Le mandé mi ubicación a P
mientras emprendía el viaje en colectivo hacia Belgrano, el barrio que habíamos
seleccionado como punto de encuentro. Cuando me bajé del colectivo en el barrio
de Belgrano, altura subte D, estación Congreso de Tucumán ella me mandó un
mensaje que recién estaba comenzando el viaje. Otra vez iba a llegar tarde. Por
suerte no teníamos tickets de barco con un horario de partida específico, con
lo cual no era relevante si llegábamos un poco más tarde. Caminamos por las
calles de Belgrano. Era un día de verano, alguno de los días feriados por
carnaval, pero la mañana estaba fresca. Eran cerca de las 10 AM. Nos dirigimos
a la estación Núñez. En el transcurso del viaje a ella, observábamos las casas
del barrio. P, ¿no te gustaría vivir por acá?-le preguntaba. Yo ya viví por
acá-me respondía P. Puedo aprender muchas cosas de P-pensé.
El viaje en tren no fue
divertido. Tampoco el tour por los cinco ríos. Antes de hacer la parada en el recreo,
algunos pasajeros bajaron en Delta Terra (salida pendiente). Había mucha gente
que llevaba su carne y podía asar en las parrillas que disponía el recreo.
Había canchas de fútbol, de vóley y de tenis. Hacia el final del recreo se encontraba
un río, más angosto que por el que habíamos venido. Allí había algunos kayaks
(salida pendiente). La playa del recreo tenía arena artificial. Compartíamos
manta para no sentarnos sobre la arena. Ella la había olvidado. Para los que me
conocen saben que soy fanático del mar y un poco también de los ríos. Tenía que
meterme. Cuando volví a sentarme sobre la manta. Le pregunté si no iba a venir.
Me dijo que era un roñoso. Que esa agua de río no era para meterse, aunque
después le pedí que me acompañara y se animó. Tenía miedo y sólo se mojó los
pies. El almuerzo (que estaba incluido en el pack de SV) fue pollo con
ensalada. A la tarde no podían faltar unos tragos: creo que pedimos daikiri de
frutilla y caipirinha. Más tarde fuimos a acostarnos a las orillas de ese río
angosto que les comenté apenas unas líneas antes. P había llevado bizcochuelo
con dulce de leche. De otro mundo. P tenía en ese momento algunos tatuajes
(tiempo después se haría otros). Uno era de una estrella. Otro era con la
palabra “resiliencia”. Le pregunté por qué se tatuaba y si aquello que se
tatuaba tenía un significado para ella. La estrella era para tener bien cerca y
en todo momento a una bella persona que fue la más importante de su vida.
Resiliencia es una palabra que representa la capacidad de una persona para
adaptarse a situaciones adversas con pensamientos positivos. Tiempo después
resiliencia iba a ser una palabra que se usaría en capacitaciones. P ya la
conocía de antes.
Ese día en Tigre, P se mostró
una persona transparente, fuerte, sensible y soñadora. Y me gustaba… quería
seguir conociéndola y compartiendo tiempo con ella. Cuando agarraba mi celular y
abría Whatsapp, tenía ganas de hablarle. No sé si podré explicarlo con palabras.
Cuando la veía sentía más palpitaciones, como si mi corazón se pusiera contento
de verla. Y cuando no la veía, la extrañaba y tenía reales ganas de hablarle.
De alguna manera, tenía que interpretar esta sensación. Y no era un diagnóstico
de taquicardia. No me arruinen el momento sentimental de escritura. Tenía que
decírselo.
¿Expresar o reprimir? En otra
nota intenté hacer un intenso debate sobre de qué manera expresar ese
sentimiento que tenés adentro o, por el contrario, si debías dejártelo
guardado. En aquel momento, estaba por finalizar el verano y comenzaba marzo.
Me tocaba vivir por primera vez, de “grande” y más consciente, el fallecimiento
de un familiar que siempre consideré cercano y compañero. El gran Juan. Él
sabía el aprecio que le tenía y que le teníamos todos en casa. Cuando una
persona deja de acompañarnos físicamente, uno siempre se pone a reflexionar
sobre si, alguna vez, existió el día en que le dijiste cuánto lo querías o, si
compartiste suficiente tiempo con él, acorde con lo que vos tenías ganas de que
fuera así. Desde ese momento, siempre quise decir lo que me pasaba. A quien
fuera. Porque siempre es lindo que la otra persona sepa que vos querés
compartir tu tiempo con él/ella. Nada ni nadie tenía por qué frenar esa
situación. Entonces, si P me gustaba tenía que decírselo.
Debo reconocer que era la primera
vez que yo tenía ganas de expresar sentimientos. Entonces, en ese momento pensé
dónde, cuándo y cómo. Se los voy a contar.
Dónde: tenía que ser en un
lugar distinto al de siempre. La mayoría de mis salidas ocurrían en Puerto
Madero. Entonces, hacer un planteo o una propuesta en Puerto Madero no iba a
tener ese tinte “distinto” que yo quería que sucediera.
Cuándo: tenía que ser ya. De
hecho, creo que fue unos pocos días después de la salida a Tigre. ¿Un mes
después, tal vez? No fue tanto tiempo más. Quería decírselo.
Cómo: como saliera. Tenía que ser
auténtico y generar llegada a la otra persona. Tenía que salir bien.
Recuerdo que mi amigo G me sugirió
comprar chicles. Si a ella le pasaba lo mismo, el final tenía que ser un beso y
las primeras impresiones son muy importantes. Recuerdo también a mi amiga AG. Ella
me decía que sea sincero, que le plantee las cosas como realmente me pasaban.
Ella lo iba a entender.
Todo tenía que salir bien o,
tal vez, tanta preparación previa podía provocar que las cosas no salieran tan
bien. Lo más importante era hacerle saber que quería pasar tiempo con ella. Que
me gustaba.
Continuará…
Acordamos que el punto de
encuentro iba a ser Parque Rivadavia, en el barrio porteño de Caballito. No
recuerdo por qué había sido ese lugar. Creo que era un punto intermedio entre
donde estaba ella (volvía de algún trámite) y donde yo estaba (Microcentro).
Jamás había ido a Parque Rivadavia. Mientras la esperaba, hice un recorrido de
campo… para ver a dónde podíamos salir. Había un Starbucks, un McDonalds, un
shopping bastante cerca y una plaza. Primero hice la recorrida por la plaza. Encontré
un kiosco y compré chicles de menta fuerte. Me acuerdo mucho de los detalles, sépanlo.
La plaza me pareció muy amplia y bella. Se sentía ese aroma típico de cuando
está por llegar el otoño. Había muchos árboles con flores rosas que perdían sus
hojas. Cuando llegó P, me dijo que había surgido un nuevo sabor de jugo en
McDonald’s y que no quería comer nada porque había comenzado una rutina de
alimentación saludable. Entre nosotros: el objetivo de hoy sigue siendo el mismo
y está cada día más linda. Compramos ese jugo nuevo para probar y nos fuimos a
pasar un rato a la plaza. El juego no estaba bueno o, no supe disfrutarlo. De
hecho, no lo terminé. Estaba nervioso. Se venía un momento muy importante para
mí. Era el primer planteo o la primera declaración de amor por otra persona,
mirándola a los ojos. Las anteriores de la escuela secundaria eran esos juegos
que hacías con otra persona por algunas líneas de una carta. P iba a ser la
primera.
Nos sentamos en la plaza y
comenzamos a conversar sobre otros temas. Hasta que en un momento le dije así.
Y nótense cómo lo recuerdo. Fue un momento muy lindo para mí. “Quería que
conversáramos un momento sobre nosotros”-le dije en un tono de voz que ya
comenzaba a resecarse. ¿A quién no le pasó que se le reseque la voz cuando
estaba por decir algo importante? “Quería decirte que, en todo este tiempo que
nos conocimos, resultaste ser una linda persona. Me gusta mucho que seas del
Interior. Das la sensación de que sos una persona que no vive con la
aceleración del típico porteño”-continué. Para este momento, no se imaginan la
cara que había puesto P. No se la imaginan. Intentaré describirla. Imagínense a
una persona asustada, que abre sus ojos para ponerse en alerta y mostrando cierto
impacto (no demasiado positivo) en lo que estaba escuchando. “¿Qué te parece
seguir conociéndonos?”-finalicé. Creo que también le propuse ser algo así como “amigovios”.
¿Se acuerdan de este término que se usaba hace algunos años?
Después de las distintas reacciones que les
fui describiendo, se imaginarán la respuesta de P. “No me esperaba estos
comentarios”-respondió. A los pocos minutos nos paramos y comenzamos a caminar
hacia una galería de ropa. Creo que le pedí perdón (no debí hacerlo) y le
comenté que, luego del fallecimiento de mi tío, todo lo que sentía que la otra
persona tenía que saber, se lo iba a hacer saber. Luego de la galería de ropa, nos
acercamos hacia el ingreso al subte y la despedí con un beso, en la boca. No se
imaginan la reacción de P. Le pregunté si mañana iba trabajar. El día siguiente
era feriado. Realmente mi cabeza ya no podía pensar. Se fue.
Recuerdo googlear desde mi
teléfono dónde estaba. No sabía cómo volver. Pude ubicarme bastante fácilmente.
Los días ya eran más cortos, por lo que se acercaba la noche. Caminé unas diez
cuadras solo hacia Parque Centenario para tomarme un colectivo que me dejara
cerca de casa. Estaba contento porque quería que supiera que me importaba y que
quería seguir compartiendo tiempo con ella. Estaba triste porque sentía que no
había funcionado.
Al llegar a casa, me mandó un
mensaje de audio por Whatsapp. Ya no lo tengo en mi teléfono. Pasó mucho tiempo,
pero decía algo así. “Me sorprendiste con lo que me dijiste. Desde el principio
actuaste como amigo. Me gusta que seas mi amigo. No me gustaría perderte. Yo me
conozco y no quiero decirte que sí porque si en pocos meses me arrepiento y no
quiero salir más, te voy a lastimar”. Colóquese en este párrafo la foto de Rafa
Gorgory (de Los Simpsons) cuando Lisa le dice que le dio la postal del trencito
por lástima. Rafa tenía el corazón roto.
No hubo siguientes salidas
después de aquella vez. Sólo hablábamos por Whatsapp y mucho menos que antes.
Siempre pienso que en los afters son el momento en que uno se encuentra consigo
mismo. Antes está trabajando, o está estudiando, o está enseñando, o está
haciendo un curso. Un after es un momento en el que te encontrás vos con otra
persona y charlás de vos, de él o ella, de la vida. Siempre después de cada
after le grababa un mensaje de voz. Recuerden que me prometí a mí mismo siempre
decir lo que me pasaba cuando sentía que me pasaba. “Te extraño. Siempre pienso
en los momentos lindos que pasé con vos. Algún día vamos a estar juntos”-le
decía. Sentía, y sigo sintiendo, que cada una de esas palabras que reflejaba en
cada uno de esos audios tenía sentido y algún día próximo van a ser realidad.
Después de este relato tomé la
decisión de salir con otra persona. Ella también. Lamentablemente, sentí que
esa persona no tenía que ser más mi compañera. P sintió lo mismo con su
compañero. Casualmente, la vida vuelve a encontrarnos de vuelta solos.
Recuerden que esto es ficción, basada en una historia real. ¿Y si volvemos al
relato de Tigre y construimos una historia distinta y más linda? La historia es
bella, pero siempre se la puede pensar aún más bella. ¿Me acompañás?
¿Fin?