jueves, 9 de julio de 2020

QUIERO CONTARTE SOBRE ELLA


Mis notas siempre comienzan con “hace varios años…”. Lo interesante de esta historia es que continúa en la actualidad. Esta nota tendrá gran extensión. Si no tenés tiempo, dejalo para después. Mejor avisarte que dejarte cansado.


Hace varios años, trabajaba en atención al público en un banco (esto ya lo conté en otras notas). Los que me conocen saben que no sólo me gusta aprender todo el tiempo cosas nuevas, sino que también quiero transmitir conocimiento. El compartir conocimiento genera nuevas oportunidades para vos y para otras personas. En esos meses de atención al público en un banco, habiendo transcurrido el tiempo suficiente de conocimiento acerca del puesto de trabajo, me elegían para capacitar a los nuevos ingresos. También les conté que tuve la dicha de rotar por muchas sucursales. En ese momento me encontraba en el barrio de Belgrano, Avenida Cabildo y Juramento. Eran momentos de muchos nuevos ingresos y, en consecuencia, intensas capacitaciones. Tres días de mi semana los iba a ocupar con atención al público, mientras ocurrían las capacitaciones. Ya había avisado a mis compañeros de sucursal y al gerente de esta situación. Tal vez iba a necesitar de su ayuda en la atención a los clientes. No les gustaba demasiado la idea, pero a mí me seguía gustando capacitar. Sucedió igual.


Recuerdo casi todos los nombres de quienes vinieron a capacitarse. Recuerdo también a qué hora fueron citados en la sucursal (todos a la misma hora) y a qué hora fueron llegando a la sucursal. Esto que les cuento no tiene ningún sentido. Sólo soy un poco detallista. Cuando recibí el correo con las personas que iban a venir a la capacitación, leí sus nombres. Había un nombre, el de P, que captó particularmente mi atención. Hoy sé que su significado es “nevar, nieve”. P fue la última en llegar ese día a la capacitación y la primera que necesitaba irse porque tenía que irse a su otro trabajo. Un poco de mala costumbre, quise que quienes se habían acercado ese día a la sucursal, tuvieran unos pocos minutos conmigo después de la atención al público para que me pudieran hacer preguntas y también para tener sus contactos. Para mí era importante que si tenían preguntas después de la capacitación, me las hicieran llegar. Creo que después de ese momento me sentí un poco culpable y envié un mensaje grupal pidiendo disculpas por haberlos hecho quedar más tiempo del estipulado, haciéndoles saber nuevamente que si tenían dudas me contactaran.


Casualmente, generé un mejor contacto con los nuevos que con mis compañeros de trabajo que ya estaban en una posición semejante a la mía (con ellos nos veíamos una vez por mes). Quería seguir viéndolos, así que les propuse que después de alguna de las jornadas mensuales que nos tocaban compartir, saliéramos a tomar algo. Todavía hay una foto de esa primera salida. P también estaba ahí. Parecía ser una persona que, aún con sus dos trabajos, todavía tenía ganas de salir con gente.


Al siguiente mes, volví a proponer una salida grupal. Después de la reunión que les conté teníamos una vez por mes, sólo P estaba dispuesta a salir. Fuimos a Johnny B Good, mi bar favorito de Puerto Madero. Creo que también la hice subir en las alturas para sacar algunas fotos desde un rascacielos (¿tanto?) de Puerto Madero. A veces me pregunto qué es lo que me gusta tanto de P. Es difícil tener que pasarlo a palabras. Serán esos horarios que tuvo aquella primera vez que me hicieron pensar que hacía las cosas distinto a como estaban estipuladas. Será esa energía infinita que tenía y sigue teniendo para salir todo el tiempo con quienes tiene ganas de hacerlo, pero al mismo tiempo también para trabajar y emprender. Será que ese día en JBG me contó más de su vida, de dónde era (Esquel), qué había estudiado (radiología), cómo había llegado a Buenos Aires (¡de muy joven!). Dicen que el tiempo es una de las cosas que más valoramos porque es una de las pocas cosas que no se pueden recuperar. Por eso, dicen, es importante lo aprovechemos con las personas que queremos estar y haciendo actividades que nos resulten divertidas. P me provocaba ganas de compartir el tiempo con ella. Quería seguir saliendo y compartiendo mi tiempo con ella, porque me divertía (¡obvio! ¿no voy a salir con una persona que me aburre, no?). Tenía que pensar algo creativo. Tenía que gustarme a mí y tenía que sorprenderla.


Se me ocurrió que podía resultar si hacíamos una salida “verde”. Se me ocurría que el lugar podía ser Tigre. Rápidamente comencé a Googlear. Solemos hacer esto cuando no tenemos idea por dónde empezar. Los resultados estuvieron a la vista y, para mi fortuna, no había que pensar demasiado. SV (una organización) ofrecía un recorrido de treinta minutos por los cinco ríos y luego incluía el descenso y almuerzo en un recreo (una isla donde podías pasar el día). ¿Tal vez deberíamos haber ido directamente al recreo, no? A pensó que podía conquistarla con un city tour por los cinco ríos. Encima nos trajeron café con alfajor. Nada más lejos que una excursión de jubilados. Perdón, P, yo sólo quería pasar un lindo momento con vos. Minutos después (no se piensen que era todo el día de tour) llegamos al recreo y le hicimos una intensa recorrida. Había elegido ese recreo particularmente porque tenía una playa. Piensen que en la salida con P traté de hacer un mix para este combo: salida verde más sol más playa. Era fin de semana largo. Creo que P se iba a ir a la playa y le cancelaron sobre la marcha. La salida que tenía pensada tenía que responder a la playa (no tenía por qué quedarse con las ganas por no haber ido a la costa), el día sin sol no es un día agradable y la propuesta era una salida verde: tenía que haber pasto, y lo hubo. Creo que fue una de las primeras veces que usaba un poco mis ideas poco creativas para organizar una salida que realmente tuviera sentido (excepto por el tour de jubilados). Tenía sentido porque estaba ella.


Continuará…



Olvidé contarles algunos detalles, previo a emprender el viaje a Tigre. Porté mi mochila de Flecha Bus del viaje de egresados. Esto tampoco estuvo bien… P tiene unos pocos años más que yo, pero con esos gestos iba a darle la sensación de que era un pendejo recién salido de la escuela secundaria. Algunos detalles se me podían pasar en esta salida que yo creía iba a estar muy buena. Le mandé mi ubicación a P mientras emprendía el viaje en colectivo hacia Belgrano, el barrio que habíamos seleccionado como punto de encuentro. Cuando me bajé del colectivo en el barrio de Belgrano, altura subte D, estación Congreso de Tucumán ella me mandó un mensaje que recién estaba comenzando el viaje. Otra vez iba a llegar tarde. Por suerte no teníamos tickets de barco con un horario de partida específico, con lo cual no era relevante si llegábamos un poco más tarde. Caminamos por las calles de Belgrano. Era un día de verano, alguno de los días feriados por carnaval, pero la mañana estaba fresca. Eran cerca de las 10 AM. Nos dirigimos a la estación Núñez. En el transcurso del viaje a ella, observábamos las casas del barrio. P, ¿no te gustaría vivir por acá?-le preguntaba. Yo ya viví por acá-me respondía P. Puedo aprender muchas cosas de P-pensé.


El viaje en tren no fue divertido. Tampoco el tour por los cinco ríos. Antes de hacer la parada en el recreo, algunos pasajeros bajaron en Delta Terra (salida pendiente). Había mucha gente que llevaba su carne y podía asar en las parrillas que disponía el recreo. Había canchas de fútbol, de vóley y de tenis. Hacia el final del recreo se encontraba un río, más angosto que por el que habíamos venido. Allí había algunos kayaks (salida pendiente). La playa del recreo tenía arena artificial. Compartíamos manta para no sentarnos sobre la arena. Ella la había olvidado. Para los que me conocen saben que soy fanático del mar y un poco también de los ríos. Tenía que meterme. Cuando volví a sentarme sobre la manta. Le pregunté si no iba a venir. Me dijo que era un roñoso. Que esa agua de río no era para meterse, aunque después le pedí que me acompañara y se animó. Tenía miedo y sólo se mojó los pies. El almuerzo (que estaba incluido en el pack de SV) fue pollo con ensalada. A la tarde no podían faltar unos tragos: creo que pedimos daikiri de frutilla y caipirinha. Más tarde fuimos a acostarnos a las orillas de ese río angosto que les comenté apenas unas líneas antes. P había llevado bizcochuelo con dulce de leche. De otro mundo. P tenía en ese momento algunos tatuajes (tiempo después se haría otros). Uno era de una estrella. Otro era con la palabra “resiliencia”. Le pregunté por qué se tatuaba y si aquello que se tatuaba tenía un significado para ella. La estrella era para tener bien cerca y en todo momento a una bella persona que fue la más importante de su vida. Resiliencia es una palabra que representa la capacidad de una persona para adaptarse a situaciones adversas con pensamientos positivos. Tiempo después resiliencia iba a ser una palabra que se usaría en capacitaciones. P ya la conocía de antes.


Ese día en Tigre, P se mostró una persona transparente, fuerte, sensible y soñadora. Y me gustaba… quería seguir conociéndola y compartiendo tiempo con ella. Cuando agarraba mi celular y abría Whatsapp, tenía ganas de hablarle. No sé si podré explicarlo con palabras. Cuando la veía sentía más palpitaciones, como si mi corazón se pusiera contento de verla. Y cuando no la veía, la extrañaba y tenía reales ganas de hablarle. De alguna manera, tenía que interpretar esta sensación. Y no era un diagnóstico de taquicardia. No me arruinen el momento sentimental de escritura. Tenía que decírselo.


¿Expresar o reprimir? En otra nota intenté hacer un intenso debate sobre de qué manera expresar ese sentimiento que tenés adentro o, por el contrario, si debías dejártelo guardado. En aquel momento, estaba por finalizar el verano y comenzaba marzo. Me tocaba vivir por primera vez, de “grande” y más consciente, el fallecimiento de un familiar que siempre consideré cercano y compañero. El gran Juan. Él sabía el aprecio que le tenía y que le teníamos todos en casa. Cuando una persona deja de acompañarnos físicamente, uno siempre se pone a reflexionar sobre si, alguna vez, existió el día en que le dijiste cuánto lo querías o, si compartiste suficiente tiempo con él, acorde con lo que vos tenías ganas de que fuera así. Desde ese momento, siempre quise decir lo que me pasaba. A quien fuera. Porque siempre es lindo que la otra persona sepa que vos querés compartir tu tiempo con él/ella. Nada ni nadie tenía por qué frenar esa situación. Entonces, si P me gustaba tenía que decírselo.


Debo reconocer que era la primera vez que yo tenía ganas de expresar sentimientos. Entonces, en ese momento pensé dónde, cuándo y cómo. Se los voy a contar.


Dónde: tenía que ser en un lugar distinto al de siempre. La mayoría de mis salidas ocurrían en Puerto Madero. Entonces, hacer un planteo o una propuesta en Puerto Madero no iba a tener ese tinte “distinto” que yo quería que sucediera.


Cuándo: tenía que ser ya. De hecho, creo que fue unos pocos días después de la salida a Tigre. ¿Un mes después, tal vez? No fue tanto tiempo más. Quería decírselo.


Cómo: como saliera. Tenía que ser auténtico y generar llegada a la otra persona. Tenía que salir bien.


Recuerdo que mi amigo G me sugirió comprar chicles. Si a ella le pasaba lo mismo, el final tenía que ser un beso y las primeras impresiones son muy importantes. Recuerdo también a mi amiga AG. Ella me decía que sea sincero, que le plantee las cosas como realmente me pasaban. Ella lo iba a entender.


Todo tenía que salir bien o, tal vez, tanta preparación previa podía provocar que las cosas no salieran tan bien. Lo más importante era hacerle saber que quería pasar tiempo con ella. Que me gustaba.


Continuará…



Acordamos que el punto de encuentro iba a ser Parque Rivadavia, en el barrio porteño de Caballito. No recuerdo por qué había sido ese lugar. Creo que era un punto intermedio entre donde estaba ella (volvía de algún trámite) y donde yo estaba (Microcentro). Jamás había ido a Parque Rivadavia. Mientras la esperaba, hice un recorrido de campo… para ver a dónde podíamos salir. Había un Starbucks, un McDonalds, un shopping bastante cerca y una plaza. Primero hice la recorrida por la plaza. Encontré un kiosco y compré chicles de menta fuerte. Me acuerdo mucho de los detalles, sépanlo. La plaza me pareció muy amplia y bella. Se sentía ese aroma típico de cuando está por llegar el otoño. Había muchos árboles con flores rosas que perdían sus hojas. Cuando llegó P, me dijo que había surgido un nuevo sabor de jugo en McDonald’s y que no quería comer nada porque había comenzado una rutina de alimentación saludable. Entre nosotros: el objetivo de hoy sigue siendo el mismo y está cada día más linda. Compramos ese jugo nuevo para probar y nos fuimos a pasar un rato a la plaza. El juego no estaba bueno o, no supe disfrutarlo. De hecho, no lo terminé. Estaba nervioso. Se venía un momento muy importante para mí. Era el primer planteo o la primera declaración de amor por otra persona, mirándola a los ojos. Las anteriores de la escuela secundaria eran esos juegos que hacías con otra persona por algunas líneas de una carta. P iba a ser la primera.


Nos sentamos en la plaza y comenzamos a conversar sobre otros temas. Hasta que en un momento le dije así. Y nótense cómo lo recuerdo. Fue un momento muy lindo para mí. “Quería que conversáramos un momento sobre nosotros”-le dije en un tono de voz que ya comenzaba a resecarse. ¿A quién no le pasó que se le reseque la voz cuando estaba por decir algo importante? “Quería decirte que, en todo este tiempo que nos conocimos, resultaste ser una linda persona. Me gusta mucho que seas del Interior. Das la sensación de que sos una persona que no vive con la aceleración del típico porteño”-continué. Para este momento, no se imaginan la cara que había puesto P. No se la imaginan. Intentaré describirla. Imagínense a una persona asustada, que abre sus ojos para ponerse en alerta y mostrando cierto impacto (no demasiado positivo) en lo que estaba escuchando. “¿Qué te parece seguir conociéndonos?”-finalicé. Creo que también le propuse ser algo así como “amigovios”. ¿Se acuerdan de este término que se usaba hace algunos años?
 Después de las distintas reacciones que les fui describiendo, se imaginarán la respuesta de P. “No me esperaba estos comentarios”-respondió. A los pocos minutos nos paramos y comenzamos a caminar hacia una galería de ropa. Creo que le pedí perdón (no debí hacerlo) y le comenté que, luego del fallecimiento de mi tío, todo lo que sentía que la otra persona tenía que saber, se lo iba a hacer saber. Luego de la galería de ropa, nos acercamos hacia el ingreso al subte y la despedí con un beso, en la boca. No se imaginan la reacción de P. Le pregunté si mañana iba trabajar. El día siguiente era feriado. Realmente mi cabeza ya no podía pensar. Se fue.


Recuerdo googlear desde mi teléfono dónde estaba. No sabía cómo volver. Pude ubicarme bastante fácilmente. Los días ya eran más cortos, por lo que se acercaba la noche. Caminé unas diez cuadras solo hacia Parque Centenario para tomarme un colectivo que me dejara cerca de casa. Estaba contento porque quería que supiera que me importaba y que quería seguir compartiendo tiempo con ella. Estaba triste porque sentía que no había funcionado.


Al llegar a casa, me mandó un mensaje de audio por Whatsapp. Ya no lo tengo en mi teléfono. Pasó mucho tiempo, pero decía algo así. “Me sorprendiste con lo que me dijiste. Desde el principio actuaste como amigo. Me gusta que seas mi amigo. No me gustaría perderte. Yo me conozco y no quiero decirte que sí porque si en pocos meses me arrepiento y no quiero salir más, te voy a lastimar”. Colóquese en este párrafo la foto de Rafa Gorgory (de Los Simpsons) cuando Lisa le dice que le dio la postal del trencito por lástima. Rafa tenía el corazón roto.


No hubo siguientes salidas después de aquella vez. Sólo hablábamos por Whatsapp y mucho menos que antes. Siempre pienso que en los afters son el momento en que uno se encuentra consigo mismo. Antes está trabajando, o está estudiando, o está enseñando, o está haciendo un curso. Un after es un momento en el que te encontrás vos con otra persona y charlás de vos, de él o ella, de la vida. Siempre después de cada after le grababa un mensaje de voz. Recuerden que me prometí a mí mismo siempre decir lo que me pasaba cuando sentía que me pasaba. “Te extraño. Siempre pienso en los momentos lindos que pasé con vos. Algún día vamos a estar juntos”-le decía. Sentía, y sigo sintiendo, que cada una de esas palabras que reflejaba en cada uno de esos audios tenía sentido y algún día próximo van a ser realidad.


Después de este relato tomé la decisión de salir con otra persona. Ella también. Lamentablemente, sentí que esa persona no tenía que ser más mi compañera. P sintió lo mismo con su compañero. Casualmente, la vida vuelve a encontrarnos de vuelta solos. Recuerden que esto es ficción, basada en una historia real. ¿Y si volvemos al relato de Tigre y construimos una historia distinta y más linda? La historia es bella, pero siempre se la puede pensar aún más bella. ¿Me acompañás?


¿Fin?

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